¡Aguas! ¡Se acabó otro año!


Armando Caicedo | 12/24/2015, 10:28 a.m.

No existe escena más patética que verse uno reflejado en el espejo del baño, en almendra (vale decir, en calzoncillos) con el cabello peinado a bofetadas, unas ojeras de consumidor de substancias prohibidas y con ese agónico “complejo de culpa de fin de año” atravesado en las anginas: “¿Cumpliste con las metas que te propusiste?”

Y entonces empieza a uno a esculcar entre las gavetas del cerebro, la carpeta identificada: “propósitos para el año”.

¡Qué vergüenza! Este año tampoco cumplimos con los “buenos propósitos” que, en enero, juramos cumplir .

El consuelo es que la misma película la repetimos todos los años.

  1. Bajar de peso.

Si la memoria no me falla, en enero prometí bajar doce libras (una por mes). Al tercer mes desistí, porque mi memoria me falló. No recuerdo dónde guardé el papelito donde apunté el dato sobre cuál era mi peso, el día que me propuse a bajar de peso.

  1. Dejar de fumar.

Una vecina me invitó a unirme a “FEA”, grupo de “Fumadores Estúpidos Anónimos”. Durante once meses asistí -con la pasión de un terrorista islámico- a las reuniones clandestinas, donde cien fumadores empedernidos -empacados como sardinas entre un salón repleto de humo- se prestaban asistencia mutua y daban testimonio de las miserias que causa el cigarrillo.

Esta vez también fallé en mis propósitos. Es que apareció en la pantalla de mis entendederas esta reflexión: “si yo jamás he fumado, ¿cómo puedo cumplir la promesa de dejar de fumar? Lo lógico sería que primero me matriculara en un curso para aprender a fumar y, en seguida, pondría toda mi voluntad para dejar de fumar”

  1. Hacer ejercicio.

Empecé en enero. Ese mes me di a la tarea de visitar todos los gimnasios que me sugirió el Google, dentro de treinta millas alrededor de mi casa. Mi propósito era escoger el que más se adecuara a mi estado físico y al estado de mi economía.

Al finalizar el mes, reconocí mi fracaso. Quizás debí estudiar diplomacia porque no pude poner de acuerdo a esos dos estados.

  1. Ir de vacaciones a un destino exótico.

Una amiga me sugirió: “¡Atrévete a soñar!”

En algunas noches, cuando me atacaba el insomnio, soñaba con los ojos medio abiertos: “¿Qué tal ir de compras a París? ¿Qué tal ir a la Antártida? ¿Qué tal viajar a degustar una comida en Shanghái?”

Estos propósitos los cumplí a medias. No pude ir a París, pero las compras de Navidad las hice en “La Tienda del Dólar”. No pude explorar la Antártida, pero durante el invierno caminé todos los días, bajo temperatura de congelación, para tomar el autobús que me lleva y me trae del trabajo, Y no pude a viajar a Shanghái, pero todos los sábados pido a domicilio una orden de “chow mein”.

Ni les hablo de los otros propósitos que siempre incumplo, tales como, ahorrar, salir de deudas, cambiar de chamba, rezar todas las noches y mandarme a blanquear los dientes... porque esos “nuevos propósitos reciclados”, los tengo de reserva para el año que entra.

(fin)

VERBATIM

“A este paso, solo falta que después de prometer “lo que no haremos en el próximo año”, resultemos votando por Trump en el 2016, en el 2020 y en el 2024”

Por: © 2015 Armando Caicedo

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