Escalan los asesinatos de periodistas y la impunidad en México


Manuel Ocaño | 5/18/2017, 9:46 a.m.
Escalan los asesinatos de periodistas y la impunidad en México

Javier Valdez Cárdenas, un periodista experimentado en cubrir actividades del narcotráfico, salió de su oficina el lunes y al subir a su vehículo fue masacrado. Recibió 17 impactos de balas, informaron las autoridades en Culiacán, en el norteño estado de Sinaloa.

Ese asesinato indignó a periodistas en ambos lados de la frontera entre Tijuana y San Diego y sin embargo, unas horas después, otra periodista, Sonia Córdova, fue abatida a tiros al viajar con su hijo en su vehículo. Al cierre de esta edición se informó que ambos habían muerto.

Javier Valdez fue el quinto periodista asesinado en México en lo que va de este a¬ño. En ninguno de esos homicidios hay detenidos, ni se informa de sospechosos.

En lo que va de la administración del presidente Enrique Peña Nieto han sido asesinados 34 periodistas. Igualmente, no hay detenidos. Nadie ha sido llevado a la cárcel por matarlos.

El Comité internacional para la Defensa de los Periodistas dice que México es el segundo país más peligroso en el mundo para ejercer el periodismo, después de Afganistán donde los grupos atentan abiertamente contra la prensa.

De por sí, los periodistas en México se mueven en un clima de creciente violencia. México es el segundo país en el mundo con más muertes violentas después de Siria, donde opera el Estado Islámico (ISIS), de acurdo con la encuesta de Conflictos Armados 2017.

Aunque a diferencia de Siria, donde se desarrolla una guerra de exterminio declarada, en México se supone que no hay guerra. Sin embargo en términos generales en Siria se cuentan 50 mil muertes violentas y en México 23 mil.

En Tijuana, para no ir lejos, este año han sido asesinadas más de 500 personas. El promedio de homicidios en Tijuana fluctúa entre tres y cuatro diarios.

El periodista, Javier Valdez.

El periodista, Javier Valdez.

Y aunque en Tijuana no ha sido asesinado ningún periodista este año, ese gremio no descarta que si alguien publica información que desagrade a funcionarios o narcotraficantes, pueda enfrentar represalias. En el ambiente del segundo país más peligroso para su profesión y el segundo con más homicidios con violencia en el planeta.

Grupos de reporteros convocaban al cierre de esta edición a protestas en Mexicali y Tijuana. Harían actos de “cámaras, grabadoras y micrófonos caídos”, es decir depositarlos a la vista abandonados en protesta por las muertes de sus colegas.

Protestaban por todos los asesinatos impunes de periodistas y en particular por la muerte de Javier Valdez, quien en el 2003 fundó el semanario Ríodoce, que, según explicó en entrevistas, se especializó en el tema del narcotráfico porque fue el rumbo que tomó la información.

Valdez, de 50 año, galardonado como periodista en Estados Unidos, había dicho en una de sus últimas entrevistas que no era cobarde para abandonar su trabajo.

Tras su homicidio, el presidente Peña Nieto divulgó en mensaje de Twitter que “El gobierno de México condena el homicidio del periodista Javier Valdez. Mis condolencias a sus familiares y compañeros”.

Eso fue todo por parte del presidente, aunque esta es la primera vez que reacciona ante el asesinato de un periodista. Los anteriores 33 no le merecieron siquiera un Twitter.

Oficialmente no hubo ningún compromiso por resolver el asesinato.

Hace dos semanas el Comité para la Protección de Periodistas advirtió que los asesinaos de reporteros podrían continuar en México.

El comité difundió un texto titulado “Sin excusas: México debe romper el ciclo de impunidad en los asesinatos de periodistas”.

Manuel Ocaño