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WASHINGTON, D.C.- Del 2005, en que se inició la crisis inmobiliaria a la fecha, el precio de las casas ha caido en 33 por ciento, consideró el analista Michael Snyder, de Chester Financial Group.

Indicó que aquellos que decidieron comprar una vivienda entre el 2005 y 2006 “se encuentran realmente lastimados ahora”.

Snyder, quien es un analista independiente sobre el tema inmobiliario, se pregunta: ¿podrías imaginarte pagar una hipoteca de $400,000, en una casa cuyo valor es ahora solamente $250,000”?

“Lamentablemente, la mayoría de los analistas esperan que los precios de las viviendas en Estados Unidos bajen todavía más”, afirmó.

El analista dijo que entre los factores negativos se encuentra el hecho de que “a pesar de los mejores esfuerzos de quienes gobiernan nuestra economía, el desempleo es aún rampante (creciente)”.

Ejemplifico que la cifra de desempleo entre las familias de la clase media cayendo año con año, “pero, en contraparte, eso ha ayudado a que esas familias puedan tener una casa decente”.

Aunque asegura que las instituciones financieras “han apretado sus estándares o requisitos para préstamos, haciendo más difícil que las personas puedan acceder al crédito”, dentro de este panorama difícil, no obstante, el estudioso del ramo de bienes raíces anticipa señales positivas: “aunque no sabemos si los precios de las casas van a continuar bajando, una cosa es segura: ésta no bajarán por siempre”.

Otro hecho, dijo, es que si bien la inflación que está afectando a varios sectores de la economía, impactará también en el precio de las casas, eso no quiere decir que las viviendas serán adquiridas sólo por las familias de clase media, pues un importante porcenaje de las viviendas están siendo adquiridas por inversionitas nacionales y extranjeros.

La conclusión del analista Snyder es que se espera que los precios de las casas en Estados Unidos pudieran caer entre 10 a un 20 por ciento adicional, especialmente si la economía empeora, “pero aún muchas casas maravillosas por comprar y personas con capacidad para hacerlo”.

Con todo ello lo importante, sostiene, es actuar siempre con cautela y con un adecuado balance entre el pesimismo que impone la realidad y el optimista que aconseja una expectativa razonable de que las cosas podrán mejorar, en la medida de que la economía alcance la estabilidad deseada.