Por: © 2011 Armando Caicedo

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  • ¡Ay! Mi niño se nos va después de vivir 28 años con nosotros.

Toda la familia se reunió para celebrar la decisión de mi primo Eufemio de salir –por fin- de la casa de sus padres.

En el momento de los brindis, el tío Epaminondas le preguntó: “¿Eufemio, a qué te vas a dedicar?”

  • Voy a ser político.

Un silencio de desconcierto extinguió la felicidad que reinaba en nuestra familia.

  • ¿Dijiste político o policía?

  • Político, tío.

  • Hijo, reflexiona. ¿Qué ofensa grave te hemos hecho para que avergüences a nuestra familia?

  • Pero…

  • No hay pero que valga, mijo. Te hemos dado la mejor educación. De pequeño te hacíamos las tareas para que en la escuela no siguieras sacando “D”. Te llevamos a ver al ratón Miguelito las veces que se te dio la regalada gana. Te matriculamos en clases de karate, póker y violín. Incluso nos obligaste a disfrazarnos de republicanos en ese Halloween cuando cumpliste los siete años. ¡Por favor! No nos pagues con semejante decisión tan torcida.

  • Pero ¿qué tiene de malo ser político?. No necesito graduarme de nada. Ni me exigen estudiar tanta matemática. Simplemente uno toma contacto con una firma de “lobbystas”. Ellos te hacen el favor de financiar tu campaña. Ese detalle de amistad lo devuelves con un par de favores legislativos, y ahí puede uno morir a los 95 años, como un verdadero patriota, defendiendo -con ardor- un asiento en el Congreso.

  • Pero hijo, mira el ejemplo del señor Caín. El tipo era un empresario normal que manejaba una cadena de pizzerías, casado con una esposa aburrida y llevando una vida ordinaria, hasta que ¡purrundum! le dio la chifladura por lanzarse a la política, como candidato a la presidencia por el partido republicano. Primero lanzó su idea de electrificar el muro en la frontera con México para electrocutar a los inmigrantes hispanos que la crucen. Y, al final, él mismo quedó electrocutado por cuatro señoritas que lo acusan de acoso sexual. ¿Has visto en la tele cómo quedó de quemado?

  • Pero ser político es emocionante.

  • Cretino, si quieres emociones, te pagamos cualquier otro deporte de alto riesgo. ¿Quieres ser paracaidista? ¿Piloto de Nascar? ¿Indignado en Wall Street? ¿Compañero de cacería del vicepresidente Cheney? ¿Trabajador indocumentado?

  • Como político puedo cambiar este mundo.

  • Claro que puedes cambiar este mundo. ¿No viste lo que hicieron los jóvenes congresistas del “tea party”? Consiguieron rebajarle la calificación a la economía de Estados Unidos, por primera vez en la historia de esta maravillosa Nación.

  • Pero una democracia representativa necesita políticos.

  • Claro, pero políticos que representen los intereses de la gente, no los intereses de las corporaciones.

  • Los americanos aman a sus políticos.

  • No muchos. En octubre de 2011 una investigación de CBS y NY Times demostró que el 84% de los americanos desaprueba el trabajo de los congresistas, tanto demócratas como republicanos.

  • Voy a tomar otra decisión –anunció emocionado mi sobrino Eufemio.

¡Todos aplaudimos!

  • Voy a seguir viviendo con mi papá y mi mamá.

  • ¡Qué maravilla! –gritó mi tío Epaminondas- el Eufemio nos acaba de demostrar que él sí tiene verdadera vocación para político.

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(fin)

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VERBATIM

“La política no es una profesión tan mala. Si tienes éxito, tendrás muchas recompensas. Si fracasas, podrás hasta escribir un libro”

Ronald Reagan

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