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SAN DIEGO.- A finales del 2008 una familia coreana recibió una triste noticia: un avioneta militar se derrumbó cayendo sobre una vivienda de una unidad habitacional de clase media en University City.

Como consecuencia del accidente, ahí perdieron la vida varios miembros de una bonita familia coreana: la bebé de 7 meses de nacida, Rachel Yoon; la niña Grace Yoon, de 15 meses, y la madre de ambas, Youngmi Lee Yoon, de 36 años de edad.

Aunque la familia pidió –a través de su abogado- una indemnización por daños de 58 millones de dólares, un Juez de San Diego resolvió que se le entregaran $17.8 millones, casi la cuarta parte de lo demandado.

Esta cantidad fue aprobada por el juez, aún cuando los Cuerpos de la Marina de San Diego (Marine Corps), aceptaron que el accidente se produjo “por multiples errores”.

Don Yoon, jefe de la familia, estuvo presente en la corte para rendir su testimonio sobre los hechos, y no pudo contener sus leagrimas cuando su abogado le mostró el álbum familiar.

“Ninguna compensación va a devolvernos a la familia y todos queríamos que crecieramos y nos desarrollaramos aquí”, dijo con profunda tristeza el hombre quien dio la cara a los medios de comunicación en los momentos más críticos, tras la muerte de su esposa y sus dos hijas.

El caso se considera ‘raro’ debido a que no obstante a que the Marine Corps aceptó su plena responsabilidad en el incidente, el Departamento de Justicia estuvo siempre peleando por pagar menos de lo que la Defensa de la familia demandaba como indemnización por los daños causados.

Incljuso el abogado Kevin Boyle aceptó que “hay muy pocos casos como éstos”.

Una estela de humo, y ruinas de lo que fue la vivienda de los

Yoon quedó aquella mañana del 8 de diciembre del 2008 en la casa de una familia unidad y trabajadora que vino de Corea, buscando encontrar una vida mejor que la que se vivía en su país, asolada por la Guerra y la dictadura política.

El abogado Boyle afirmó que no había quedado duda alguna de la responsabilidad de los militares, sobre todo cuando las propias grabaciones recogidas, aceptaban esa responsabilidad en las conversaciones tenidas entre el piloto y el personal en tierra que le aconsejaba que era más seguro hacer un aterrizaje cerca de la Base Naval (sobre agua abierta), en vez de hacerlo en una zona tan poblada.

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