Los Ángeles, 13 ene (EFE).- El pintor Francisco Mejía dejó de estudiar en la universidad al emigrar a Estados Unidos, pero a sus 60 años se graduó de la licenciatura en Artes y hoy se dedica a la creación artística en diversas formas.

«Cuando uno decide ser artista, en mi caso por ejemplo yo tuve que pensar ¿bueno y para qué voy a ser artista? ¿Y porque voy a pintar? ¿Y entonces quién va a ser mi audiencia?», dijo a Efe Mejía, quien comenzó a pintar cuadros en su adolescencia.

«Entonces mi decisión fue hacerlo en favor de aquellas clases desposeídas por la hegemonía del poder», agregó.

Nacido el 24 de mayo de 1950 en San Vicente, El Salvador, Mejía recuerda que las primeras manifestaciones de su talento las demostraba ante sus amigos, ante quienes dibujaba «con varitas» en el suelo.

«Mis profesores de primaria me motivaban dándome la tiza para dibujar en el pizarrón figuras para material didáctico, como el cuerpo humano en las clases de anatomía», recordó el artista.

«Cuando crecí, yo estaba fascinado con la obra del maestro Camilo Minero y fui a la Universidad de El Salvador, donde daba clases de arte, para saludarlo y así terminé inscribiéndome en 1975 en la carrera de arquitectura», explicó.

Mejía estudió hasta el tercer año de arquitectura cuando decidió emigrar hacia EE.UU., en 1979, en donde al llegar participó en la creación de la organización Centro de Desarrollo Cultural.

Sin embargo, para ganarse el pan de cada día en el área de las calles Pico y Union, la denominada pequeña Centroamérica, recorría los negocios del área ofreciéndoles crear mejores rótulos.

«Tuve que aprender a hacer anuncios con luces de neón, por eso hoy me dedico solamente a hacer trabajos con ese tipo de luces», explicó.

Con el fin de aprender más técnicas artísticas e historia del arte entró a estudiar al Colegio Comunitario de Los Ángeles (LACC) en donde en 2005 obtuvo un diploma en artes.

Con los créditos ganados en el LACC entró a la mitad de la licenciatura en Artes de la Universidad del Sur de California (USC), en donde se graduó en mayo de 2010.

«En la universidad además de depurar lo que ya sabía hacer con pintura aprendí como crear grandes murales, que es uno de mis siguientes proyectos, además de cómo expresarme a través de la escultura y la técnica del grabado», reveló Mejía.

«Pero en todos los centros de estudios me he dado cuenta que además de los maestros uno aprende de los compañeros», indicó.

El artista recuerda que de sus compañeros aprendió a definir los temas en los cuales enfocarse para dedicar su tiempo para pintar.

Su predilección son los temas sociales, representantes políticos, estampas de la campiña y leyendas de la cultura de El Salvador al cual desde que partió hace más de tres décadas no ha regresado.

Una de sus fuentes de inspiración es el arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado de un balazo en el corazón, mientras oficiaba misa el 24 de marzo de 1980 en El Salvador, sobre quien ha creado varios cuadros en Estados Unidos.

«Monseñor Oscar Arnulfo Romero ya no es un líder sólo de los salvadoreños, es un líder a nivel mundial, porque lo que él defendió está pasando a nivel mundial, los problemas sociales son similares», afirmó Mejía.

El artista trabaja sus obras en una sala de reuniones sociales llamada Playa Las Tunas, en Los Ángeles, en donde además de pintar el local dedica tiempo para terminar sus pinturas y esculturas.

«La razón por la que me vine (a EE.UU.) fue la inestabilidad social que había allá, fue cuando comenzó la guerra, y yo soy parte de ese grupo que salimos en esa época», contó Mejía acerca de la emigración masiva de salvadoreños conocida como la diáspora.

Actualmente, las obras de Mejía son parte de una muestra seis pintores salvadoreños, organizada por La Prensa de Los Ángeles, que exponen en una sala del «Latino Museum Of History, Art & Culture» de la urbe angelina. EFE