Washington, 31 ene (EFE).- Una medida republicana que legalizaría sólo a estudiantes indocumentados que se inscriban en las Fuerzas Armadas de EE.UU. busca congraciarse con los conservadores pero excluye a decenas de miles de jóvenes y es insuficiente para quienes se juegan la vida por la defensa del país.

El viernes pasado, el legislador republicano de Florida, David Rivera, presentó formalmente la medida denominada «ARMS Act», una especie de «Dream Act» que sólo abre una vía para la legalización de estudiantes indocumentados que presten servicio militar.

«Si estos jóvenes están dispuestos a morir por Estados Unidos, entonces desde luego merecen una oportunidad de vivir en EE.UU.», dijo Rivera en un comunicado.

Su legislación, explicó, permitiría que los indocumentados puedan primero inscribirse en las Fuerzas Armadas y así «ganarse» el derecho a la legalización.

Rivera presentó la legalización por la vía militar después de que dos de los aspirantes presidenciales republicanos en liza, Mitt Romney y Newt Gingrich, indicasen que apoyarían una medida sólo con el componente militar.

Ambos candidatos, que hoy mismo se disputan el voto hispano en las primarias de Florida, buscan aplacar a la base conservadora del Partido Republicano que exige mano dura contra los indocumentados.

Al menos Ron Paul, el único de los candidatos presidenciales en liza con una amplia trayectoria militar, no presenta dos caretas.

La iniciativa de Rivera no resuelve el problema de miles de jóvenes indocumentados, muchos de los cuales superan a sus pares estadounidenses en el ámbito académico e incluso han conseguido becas privadas en prestigiosas universidades del país.

Son jóvenes con inagotable potencial para el desarrollo de la fuerza laboral y de la clase media en EE.UU., que constituye uno de los pilares de la agenda económica del presidente Barack Obama.

Esta medida, sin embargo, es apenas una «migaja» para quienes, sin otras opciones para la legalización, están dispuestos a sacrificar su vida por la defensa del país.

La legislación de Rivera se queda corta. Una encuesta reciente de la cadena Univision señaló que el 59 % de los votantes latinos dijo que estaría menos dispuesto a apoyar a un candidato republicano que se opone a un programa de legalización, aún si promueve mejores medidas económicas.

Así las cosas, está claro que la estrategia del eventual candidato presidencial republicano, ya sea Romney o Gingrich, será cortejar el voto hispano apoyando iniciativas que sólo arreglan una pequeña parte del maltrecho sistema migratorio.

Quieren quedar bien con grupos que durante décadas han culpado a los inmigrantes de todos los males del país, obviando todas sus contribuciones.

Para la mayoría de los votantes hispanos que apoyan una reforma migratoria, el único «Dream Act» que vale es el que quedó sepultado en el Congreso en diciembre de 2010 por falta de apoyo bipartidista.

El propio Obama instó al Congreso, durante su discurso sobre el «Estado de la Unión», a que al menos intente aprobar el «Dream Act» para aliviar la situación de decenas de miles de jóvenes indocumentados.

Jóvenes como Michael Nazario, exmiembro del programa ROTC (Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva), de su secundaria y quien ha organizado el grupo «DREAM Army» en Arizona, para abogar por la legalización de estudiantes en su condición.

«En el Ejército, se te enseña a que no dejes a ningún compañero abandonado. Este proyecto de ley traiciona ese valor fundamental», ha dicho Nazario, quien no puede inscribirse en las Fuerzas Armadas por falta de «papeles».

«No deberíamos abandonar a ningún ‘Soñador’ (beneficiario del Dream Act) que quiera dar servicio a este país como maestro, médico, ingeniero o abogado», enfatizó Nazario.

Resulta curioso que Gingrich apoye la legalización de quienes presten servicio militar cuando él mismo evitó ser reclutado para la Guerra de Vietnam y jamás ha estado en las Fuerzas Armadas.

Romney tampoco ha puesto pie en un campo de batalla y su única experiencia ha sido como miembro de una misión a Francia dentro de su iglesia mormona.