Washington, 1 feb (EFE).- El Departamento de Defensa de EE.UU. instó hoy a todas sus tropas, tanto en el país como en el extranjero, a denunciar y prevenir el tráfico de personas, que considera «una forma moderna de esclavitud».

«Aunque las víctimas del tráfico de personas proceden de países pobres su destino es todo el mundo. Gran parte de los países donde tenemos desplegadas tropas tienen evidencia de tráfico, y también aquí en EE.UU.», aseguró John F. Awtrey, funcionario del Departamento, en una entrevista concedida a la revista del Pentágono.

De acuerdo al Departamento de Estado, se cree que cerca de dos millones de niños son captados por las redes de tráfico sexual cada año.

Awtrey señaló que el rol principal de los miembros del Departamento de Defensa es denunciar actividades sospechosas.

«No queremos que nuestros miembros se conviertan en apoyos involuntarios del tráfico», agregó.

«Los soldados o marines que dicen ‘ok, vamos allá sólo a tomar unas copas’, y es un lugar en el que las mujeres que trabajan allí lo hacen contra su voluntad y han sido traficadas, entonces se está apoyando el negocio», subrayó.

El Departamento de Defensa comenzó a realizar cursos de concienciación después de que detectase en 2004 que algunos miembros estaban teniendo actitudes condescendientes con negocios en Corea del Sur que incluían a mujeres traídas de Rusia y Filipinas.

Desde entonces, el Código de Uniforme de EE.UU. prohíbe a los miembros del servicio visitar burdeles, los principales negocios en los que tiene lugar este delito.

Entre los indicios, Awtrey destacó una alta rotación de jóvenes trabajadoras o un dispositivo de seguridad privada más abundante de lo habitual.

«Eso es parte del tráfico, nunca mantienen la gente mucho tiempo en el mismo lugar. Al contrario que con las drogas y las armas, la gente puede ser vendida en varias ocasiones», precisó.

Asimismo, reconoció que se habían encontrado actitudes similares entre los contratistas de las bases militares en Irak, que traían trabajadores extranjeros, confiscaban sus pasaportes y les pagaban sueldos muy por debajo de lo prometido.

«Parece fácil hablado en una sala del Pentágono, pero asegurar que se cumple es otra historia», concluyó el funcionario estadounidense.

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