Es más fácil y cómodo culpar a otros que admitir los errores y las acciones propias que están equivocadas; ni hablar cuando se trata de nuestros hijos, ellos son buenos, inteligentes y si hacen mal es solo porque otro lo forzó, nuestros hijos son especiales. Generalmente cuando vemos a un niño llorar o lastimado nuestro primer instinto es buscar siempre un malhechor, encontrar una causa injustificada, pensar en alguien otro que no es nuestro hijo es el mal portado, agresivo pegón y molesto o alguien que alborota a todos los estudiantes, nuestros hijos son bien portados y jamás hacen daño. Puede ser, ¿porque no? Pero a decir verdad, también puede ser posible que ni todos los otros sean tan malos, ni solo los nuestros sean tan buenitos.

No juzgar, tener compasión y prudencia, ser respetuoso no solo son ingredientes para poder ser una buena persona, son valores esenciales que todo padre debe de enseñarle a sus hijos para que puedan sobrevivir y desarrollarse en el mundo de hoy.

Daniel el niño mas chaparrito y delgadito el equipo de Basquetbol se acercó y reclamo en una forma agresiva e hiriente, luego de que Tony el grandulón del equipo hizo un la tiro por pasarse de gracioso.

Al defenderse le dijo un poco apenado que se había equivocado y se defendió como cualquier adolecente lo haría le contesto en el mismo tono que él le hablo, “tu también has fallado algunos tiros, eres un niño mimado” no paso un minuto cuando Daniel estaba llorando desconsolado todo el gimnasio se preocupo, ya que nadie había visto como Daniel había ofendido a Tony, por supuesto que todos pensaron que este grandulón había lastimado al pequeño simpático y travieso de Daniel.

La mamá de Daniel furiosa comento a las otras madres del equipo como Tony era una mala influencia Ella, sin saber que su hijo había iniciado la riña Tampoco sabia que el había escrito una petición para expulsar al hijo de su amiga, o que molestaba por debajo de la mesa a los demás y después el parecía un santo.

La Receta:

Concentrándose en uno

mismo mas que en los demás

Ingredientes:

2 tazas de humildad

1 taza de reconocimiento

1 cucharada de buena actitud y ojo benévolo

2 rebanadas pequeñas de introspección

3 gotas de valor para aceptar los propios errores

Condimentos:

Perspectiva, realismo y flexibilidad

Recomendación

del chef:

Concéntrate en encontrar y trabajar en tus propias fallas antes de buscar la de los demás.

Modo de preparación:

  1. Aceptar los propios errores conduce a mejorarlos y por lo tanto a crecer. Estar al pendiente de lo que hacen los demás, buscar errores y criticar constantemente solo crea enemigos, alimenta la soberbia y tristemente y evita concentrarse en uno mismo lo que conduce a perder oportunidades para desarrollarse.

  2. Cada persona es valiosa y tiene algo bueno que aportar. Cuando uno se concentra en los atributos y cualidades propias y de los demás, crea un mundo positivo, ligero y tranquilo. El que busca lo bueno lo encuentra, sin embargo el que espera hallar lo negativo también lo obtiene; Desafortunadamente, esto último se contagia y se perpetúa.

  3. Los mensajes son más importantes que los eventos que se desarrollan. Quizá hay actitudes inadecuadas y molestas que pueden causar incomodidad o malestar, sin embargo cuando uno se puede concentrar en el mensaje (respeto, amistad, cooperación, armonía) la fuerza del malestar se diluye y se disminuye.

“Aquellos que siempre se lavan las manos, echándoles la culpa a los demás, solo engrandecen su egoísmo y pierden las mejores oportunidades para hacer los cambios necesarios para mejorar su vida.”

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