La capacidad humana de dar, regalar, compartir, cooperar con los demás y anteponer los intereses de otra persona a los propios se desarrolla a partir de los cuatro o cinco años de edad.

Los niños deben aprender a actuar a favor de otros de forma desinteresada y no para conseguir algo a cambio. Sus padres deben educarlos en este valor y aprobar sus pequeños actos de generosidad para motivarles a seguir por ese camino, aconseja Carmen Retuerce, psicoterapeuta del Centro Hara.

La crisis empuja a mucha gente a procurar recibir mas de lo que entrega en su vida social y practicar el altruismo quien puedan pero, según Retuerce, “dado que el egoísmo y la avaricia están en la raíz de la crisis, hay que cultivar la solidaridad y la generosidad e inculcarlas a los hijos, para que no se repita”.

• El deseo de hacer cosas buenas por los demás y la voluntad de dar podrían tener un componente genético, sugiere un estudio, mientras que científicos israelíes han descubierto que existe una relación entre una variación del gen Avpr1a y la generosidad humana.

• Su hijo pequeño no quiere prestar sus juguetes a los demos niños?

• A su hija de pocos años no le hace ninguna gracia compartir sus dulces con sus compañeras de colegio?

Es algo normal, porque la generosidad infantil comienza a desarrollarse a partir de los 48 o 60 meses de edad. A partir del quinto año de vida, los padres pueden inculcarle a sus hijos la capacidad de dar y compartir, predicando con el ejemplo.

Dar y darse sin esperar nada a cambio. Es una virtud que parece casi utópica, en un mundo donde impera la idea que todo aquello que hacemos, debe producir beneficios o aumentar nuestra riqueza, aunque sea indirectamente, señala Retuerce.

Ganar, acumular, producir, gastar, economizar. Son conceptos de la economía de mercado que marcan nuestras vidas y se han trasladado a las relaciones, transformándolas en una inversión en la que se calculan el deber y el haber, señala la experta.

La crisis empuja a mucha gente a procurar recibir más de lo que entrega en su vida social y practicar el altruismo quien pueda pero, dado que el egoísmo y la avaricia están en la raíz de la crisis, hay que cultivar la solidaridad y la generosidad e inculcarlas a los hijos, para que no se repita, indica la psicóloga.

DAR SIN ESPERAR

Los niños deben aprender a actuar a favor de otros de forma desinteresada y no para conseguir algo a cambio. Para conseguirlo, sus padres deben educarlos en este valor y aprobar sus pequeños actos de generosidad para motivarles a seguir por ese camino, aconseja Retuerce.

Según la psicoterapeuta, los pequeños aprenden a vivir con generosidad, cuando son animados por sus mayores a dar y compartir su tiempo y cosas con los demás, a ceder sus juguetes en los juegos y a identificar las necesidades ajenas.

también es importante que los padres les narren cuentos que hablan de la generosidad, y les expliquen las diferencias y consecuencias de ser egoísta y generoso, agrega.

Lo que mas puede ayudar a los niños es que vivan en un ambiente de participación y servicio a los demás y observen cómo sus padres ayudan a otras personas.

El altruismo y la generosidad no sólo dependen de las enseñanzas de los padres sino también de los genes que trasmiten a sus hijos.

El deseo de hacer cosas buenas por los demás podría tener una causa genética, sugiere un estudio de la Universidad de Bonn (Alemania), que constató que un cambio minúsculo en un gen se relaciona con una voluntad significativamente mayor de dar. (por María Jesús Ribas. EFE)