Para Daniel Lumera, doctor en Ciencias Naturales y autor de El código de la luz, tomado en su justa medida, el sol sintetiza la vitamina D, previene los resfriados, las enfermedades autoinmunes y el asma. Protege el corazón, regula el buen funcionamiento del hígado y los intestinos y ayuda a no engordar. Lo que le convierte en la gran terapia natural.

La luz natural estimula la producción de serotonina, dopamina y otras sustancias producidas por el cuerpo humano, que están relacionadas con el bienestar, la motivación, la coordinación muscular, la concentración intelectual y la tranquilidad, señala Liz Wilde, experta británica en salud y mantenimiento físico.

Según Daniel Lumera, el sol irregula los impulsos de hambre, sed y sueño y ayuda a que el organismo produzca vitamina D, la cual interviene en el desarrollo muscular durante la adolescencia, en la formación del colesterol y en la fortaleza de los sistemas nervioso e inmunitario.

Los estímulos luminosos, a través de las vías Ópticas de nuestro aparato ocular llegan al hipotálamo, que activa la glándula hipófisis, estimulando el sistema endocrino: el que regula las funciones vitales de nuestro organismo.

Según Lumera, la luz solar asimismo ayuda a elevar la producción de progesterona en la mujer y de testosterona en el varón, incidiendo favorablemente en la libido y en la salud reproductiva, además de mejorar la circulación sanguínea a nivel epidérmico y generar efectos terapéuticos en casos de artritis, reumatismos y artrosis, así como en favorecer la visión.

Siempre que se respeten las recomendaciones de los dermatólogos para prevenir el cáncer de piel, se aconseja tomar el sol no sólo en verano sino todos los días del año durante 15 minutos, o disfrutar de la luz natural cuando no hay sol directo, evitando una exposición excesiva en verano y en las horas de mayor irradiación.

La puesta y la salida del sol son dos excelentes momentos para tomar el sol, porque la radiación solar es inferior a la de un televisor y su acción terapéutica es igual de profunda y eficaz . Si una persona se cansa, deprime y queda sin energía cuando se va el verano y llega el otoño, es posible que sufra un desorden anímico que se produce porque su organismo no está recibiendo la suficiente estimulación luminosa a través de los rayos del sol.

Si la persona efectúa una caminata diaria de 45 minutos al aire libre a la hora del almuerzo, debería notar una mejoría en el animo al cabo de una semana. Si no es así, conviene que consulte a un medico para que le administre una terapia especifica para este síndrome estacional, como los baños de luz.

La aplicación de baños de sol no es recomendable cuando se tiene enfermedades como la hipersensibilidad a los rayos solares, el hipertiroidismo, el insomnio, la enfermedad de Addison, la nefritis y la anemia perniciosa, entre otras.

Omar R. Goncebat (EFE)