La casa es uno de los espacios cerrados donde más tiempo pasamos. Marco de reuniones, quehaceres, sueños, rutas y vivencias personales, un lugar seguro que se convierta en mucho más que un refugio para tí y los tuyos, que te proteja de las inclemencias del tiempo y te ofrezca espacios íntimos. Por ello, equipar y acondicionar tu hgar adecuadamente, conseguirá que todos los moradores se sientan cómodos. Una buena temperatura, espacio suficiente, aislamientos, decoración e iluminación…todo debe estar al servicio del confort.

Según la definición de la Real Academia Española, Confort es aquello que produce bienestar y comodidad. En el hogar se presupone el confort y la funcionalidad para sus moradores, pero en algunos casos esta máxima no se cumple. ¿De qué depende el ansiado confort? Varios factores intervienen: aislamientos, climatización, mobiliario, colchones y ropa de cama apropiados, iluminación adecuada a cada estancia y tarea, armarios y contenedores para contribuir al orden, electrodomésticos para facilitar las labores domésticas y espacios íntimos delimitados.

Cada individuo necesita rodearse de distintos elementos que le ayuden a conseguir el tan preciado y ansiado confort. Pero cada uno de nosotros definimos a lo largo de las distintas etapas de la vida cuál es nuestro concepto de aquello que nos proporciona comodidad y lo que consideramos imprescindible. Sin entrar en valoraciones subjetivas sobre gustos decorativos o el acopio de objetos y electrodomésticos más o menos prescindibles, en este artículo exponemos a grandes rasgos cómo conseguir a través del confort altas dosis de serenidad dentro del entorno doméstico.

Asimismo, disfrutar de una temperatura agradable y estable tanto en verano como en invierno contribuye al confort climático. Dotar la vivienda de una correcta climatización crea un entorno cómodo. La calefacción y aire acondicionado son dos de los recursos más efectivos para paliar el frío del invierno y aliviar el intenso calor de los meses de verano. Las opciones entre las que escoger son variadas y a prueba de distintos bolsillos: desde las estufas de butano, leña o keroseno a los radiadores eléctricos, bombas de calor o calefacción central alimentada por gas o gasóleo.