Unos niveles altos de glucosa en la sangre pueden dañar los nervios y hacer que la sensación de dolor en los pies disminuya.

Asimismo, “la diabetes puede reducir el flujo de sangre en los pies, de manera que las heridas tardan más tiempo en curarse y las infecciones son más difíciles de combatir”, señalan los especialistas del Colegio Americano de Cirujanos del Pie y del Tobillo.

Es posible que los cortes, las rozaduras y las pequeñas heridas originen úlceras e infecciones. “Los casos más graves pueden, incluso, acabar en amputación”, advierten los expertos de “Medlineplus”, un servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

En la mayoría de los casos, tales consecuencias pueden evitarse si los pacientes siguen una serie de consejos en lo relativo al cuidado de los pies.

Laura López-Táppero, médico de familia del hospital USP San Camilo de Madrid, recomienda inspeccionarse los pies a diario en busca de ampollas o hemorragias, sobre todo alrededor de las uñas y en los espacios interdigitales. También es importante “examinar el calzado antes de ponérselo y evitar andar descalzo”, asegura.

La doctora indica que los zapatos nuevos deben utilizarse de manera progresiva, cada vez durante un tiempo mayor.

Asimismo, la higiene es una parte fundamental del cuidado de los pies, que deben ser lavados y secados minuciosamente. Además, el material para cortarse las uñas ha de ser revisado por un podólogo.

Evitar el tabaco es otro de los consejos de la doctora López-Táppero, que lo considera “muy perjudicial” para las personas diabéticas ya que produce vasoconstricción.

Precauciones en invierno y verano

Los enfermos de diabetes deben extremar la precaución durante el invierno y tener en cuenta algunas consideraciones específicas. López-Táppero hace hincapié en que la falta de sensibilidad “puede esconder los daños producidos por una excesiva exposición al frío”.

La médico desaconseja acercar los pies al fuego o a las estufas así como utilizar bolsas de agua caliente.

“Es preferible usar unos calcetines para conservar el calor. La mejor opción es elegir unos hechos con tejidos naturales como el algodón o la lana. Lo más conveniente es que no tengan costuras ni elásticos, ya que estos últimos dificultan la circulación sanguínea.

La talla ha de ser la adecuada para evitar que presionen y los calcetines deben cambiarse a diario», destaca.

Los zapatos, por su parte, tienen que estar bien ajustados pero no deben apretar. “Han de resultar confortables para no forzar la posición de los dedos y para evitar rozaduras”, comenta.

En verano, sin embargo, no es necesario que el calzado sea completamente cerrado. Pero, cuando se opte por este tipo de zapato, hay que evitar aquellos de mala calidad que no permitan la transpiración y utilizar calcetines finos de lino o de algodón.

“No se debe andar descalzo ni con sandalias que, como las chanclas, favorezcan las rozaduras y la formación de callosidades”, advierte la especialista.

Por otra parte, la doctora afirma que es importante revisarse los pies después de haber estado en el mar o en la piscina por si se ha producido un corte o rozadura o el paciente se ha clavado algo.

Hidratarse con crema de manera frecuente es otra de las recomendaciones de la doctora López-Táppero para cuidarse los pies durante la época estival.

Además de seguir estas medidas de prevención, el paciente debe acudir al médico cuando observe hinchazón, enrojecimiento, ampollas o cualquier herida en los pies, aunque no sienta dolor.

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