El Paso, (EFE).- El exagente encubierto de Inmigración Hipólito Acosta asegura haberse infiltrado en numerosas ocasiones en organizaciones de tráfico de personas como agente encubierto, y arriesgando su vida para desmantelar a estos grupos dedicados al contrabando de seres humanos.

En una entrevista con Efe, Acosta relata cómo durante años dirigió operaciones que derivaron en el arresto de importantes líderes del trafico de personas y se fijó como blanco de investigación a los traficantes que dañaban o provocaban la muerte de inmigrantes indocumentados, quienes les pagaban por entrar en este país.

«En esos años pude darme cuenta también del abuso cometido por miembros sin escrúpulos de las agencias del orden publico de Estados Unidos», explica este exagente, que se encuentra promocionando su libro «El cazador de sombras».

Según explica, a finales de los 80, cuando ocupaba el puesto de agente a cargo de la División de Chicago de Inmigración, comenzó a infiltrarse de forma encubierta en organizaciones de tráfico humano, haciéndose pasar unas veces por «coyote» y otras por «pollo» (el inmigrante que tratar de cruzar la frontera).

«Hay una gran falta de cuidado por la vida e integridad del ser humano entre quienes mueven a los inmigrantes indocumentados», dice Acosta, quien sostiene que es ahí donde radica el peligro que enfrentan quienes se ponen en sus manos.

En la actualidad la situación se ha hecho mas peligrosa, porque las organizaciones de tráfico de personas están relacionadas íntimamente con las de tráfico de drogas, que buscan recuperar una parte de las pérdidas derivadas de sus cargamentos decomisados cobrando por el paso de inmigrantes sin importarles la seguridad de los inmigrantes.

En su libro habla de una tragedia ocurrida en mayo de 2003, cuando encabezaba el Distrito de Houston para el entonces Servicio de Inmigración y Naturalización (INS).

«El 14 de mayo de ese año recibí una llamada diferente. Un total de 19 personas se habían sofocado en el interior de un camión y entre ellos había un niño de cinco anos», recuerda.

«Al tiempo en que los medios de comunicación me pedían comentar al respecto -explica-, yo recordaba cuántas veces en el pasado haciéndome pasar por inmigrante había viajado encerrado en una cajuela o uno de esos camiones poniéndome a mí mismo en esa situación de peligro de muerte».

Acosta nació en Redford, un pequeño poblado en la frontera de Texas con México. Sus padres eran trabajadores del campo que tuvieron quince hijos.

«Cuando me hice agente del ICE (Servicio de Inmigración y Aduanas) mi herencia hispana fue de gran utilidad y me permitió actuar en parte como muchos de los participantes en el juego del contrabando de personas», relata.

Este hombre se ha hecho pasar por un mexicano pobre buscando entrar a Estados Unidos como indocumentado, por traficante experimentado, por contrabandista desalmado y por traficante abusador de mujeres con un avión privado, entre otros roles, siempre con el ánimo de obtener pruebas que le permitieran llevar a estos criminales ante la Justicia.

Su esposa, Imelda Acosta, narra que muchas veces el exagente viajó encubierto, solo y sin respaldo a México para investigar casos que en su mayoría fueron exitosos, lo que le ganó el respeto del Gobierno de Estados Unidos y le permitió escalar puestos en la agencia gubernamental.

Así, fue director para la agencia en Chicago, Houston y el Distrito Federal, entre otros lugares. Además, pasó mucho tiempo en México en investigaciones encubiertas.

«Encontré difícil no empatizar con los ‘pollos’, los hombres y mujeres que buscaban libertad y una mejor vida para sus familias en Estados Unidos, así que pasé mi carrera persiguiendo ‘coyotes’ y a los traficantes que eran responsables de dañar y asesinar y poner en peligro a la gente que les pagaba por ser transportada a Estados Unidos», argumenta.

Acosta recuerda episodios en el que él mismo haciéndose pasar por «pollo» fue introducido en este país en el interior de un camión de carga.

«Mientras estaba atrapado con inmigrantes indocumentados reales, en ese espacio con olores fétidos, me preguntaba si saldría vivo al otro lado de la frontera, si vería a mi esposa e hijos de nuevo» narra en su libro. EFE

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