Según el “DailyMail”, los padres intoxican las mentes de sus hijos con no menos de tres mil mentirillas, durante su niñez.

(Después de leer el escandaloso informe cualquiera se cabrea… ¿Tres mil mentiras? ¿Quién tuvo la paciencia de contarlas?)

El informe explica que los padres echan mano a esas pequeñas mentiras con propósitos nobles: para que sus hijos no cometan errores; para alejarlos de situaciones peligrosas; y para que los niños comprendan que si son buenos, tendrán recompensa.

La mentirilla más usada por los padres es aquella de “Santa Claus solo le trae regalos a los niños que se portan bien”.

Otra mentira advierte, sin respaldo científico: “si te sigues molestando esas partes privadas se te va a caer el pirulín o te vas a quedar ciego”.

Y la advertencia clásica: “si comes espinacas vas a ser fuerte como Popeye y los Súper Amigos”.

Otros padres llegan, incluso, a pactar alianza con el “diablo”. “Si no te comes la ensalada (aquí la vieja pone voz ronca de película de horror) vamos a llamar al diablo para que se lleve al niño”.

Aterrado ante tan pavorosa amenaza, el niño se engulle la asquerosa ensalada de repollo, coliflor y bellotas, mezcla tóxica de vegetales que posee la potencia de generar hediondos gases digestivos, que si no es por el pesado lastre de tres libras que el escuincle carga entre sus pañales, el angelito podría resultar flotando por encima de la cuna.

Las mentiras de los padres cesan cuando el primer brote de barros y espinillas notifica: se acabaron la mentirillas de los padres durante la niñez, para dar paso a las grandes mentiras que improvisan los adolescentes, para engañar la vigilancia de sus progenitores.

¿Qué tan efectivas resultan esas mentirillas paternas?

La Tía Filomena, aclara:

  • Durante los primeros 14 años de mi vida me convencieron que “las niñas buenas van al cielo”. Apenas cumplí mis primeros 60 años de solterona descubrí que por creer en esa mentira me perdí la parte más movida de la vida. De acuerdo: Las chicas buenas van al cielo, pero las chicas malas van a todas partes.

Como efecto de las mentirillas de los padres, cuando ya somos adultos nos convertimos en mentiroso profesionales:

  • “Tu eres el primer hombre con quien he tenido malos pensamientos”.

  • “Me propuse llegar virgen al matrimonio, pero contigo haré una excepción”.

  • “Jamás te he sido infiel, ni con el pensamiento”.

Este mundo de mentirosos se mantiene porque somos apegados a las tradiciones. Cuando tenemos hijos, volvemos a reciclar las mismas mentiras que nuestros padres, reciclaron de sus padres.

Sirva este comentario para inaugurar otro año de elecciones. Porque las campañas políticas nos regalan, cada cuatro año, abundante cosecha de mentiras.

En política siempre se dirán mentiras. Lo inteligente es aprender a distinguir en qué ocasión la mentira de un político podría causar un daño irreparable.

«H.L.» Mencken, famoso periodista de Baltimore, logró sintetizar cómo funciona una campaña política:

“En la democracia siempre ocurre lo mismo: un partido dedica todos sus recursos y su energía en el intento de probar que el otro es incapaz de gobernar. Al final, ambos tienen la razón”.