En las olimpiadas es, sin duda alguna, la gimnasia en el que el ritmo y la fuerza muscular se combinan para dejar en el público una sensación creativa y de desarrollo único del atleta. Desde la magistral actuación de la inolvidable gimnasta polaca Nadia Comaneci, en las olimpiadas de México 1968, esta disciplina es una de las favoritas de los asistentes a los magnos juegos mundiales.