Ciudad del Vaticano, 11 jun (EFE).- Los abogados de Paolo Gabriele, el mayordomo de Benedicto XVI acusado de haber robado y filtrado documentos reservados del pontífice, han pedido que sea excarcelado, pero el juez que lleva el caso no ha tomado una decisión, afirmó hoy el portavoz vaticano, Federico Lombardi.

Lombardi, quien informó del desarrollo de las investigaciones del robo de documentos reservados enviados a Benedicto XVI y a su secretario, Georg Ganswein, y que han sido publicados por la prensa y en un libro, manifestó también que la reanudación del interrogatorio de Gabriele «no es inminente» ni se producirá en los próximos días.

«La reanudación del interrogatorio oficial de Paolo Gabriele no es inminente ni se producirá en los próximos días, pero ello no significa que no se estén buscando otros posibles elementos para tener un cuadro definitivo y concreto de la situación», subrayó Lombardi.

Gabriele, de 46 años, ya ha sido interrogado por el juez Piero Antonio Bonet en dos ocasiones, el 5 y el 6 de junio.

Lombardi señaló hoy que a los interrogatorios asistieron -además del imputado, sus dos abogados (Carlo Fusco y Cristiana Arru) y el juez Bonet- agentes de la policía judicial, que podrán asistir a las próximas tomas de declaración.

En los interrogatorios estuvo el comandante general de la Gendarmería Vaticana, Domenico Giani.

El jesuita agregó que los defensores han pedido la excarcelación del mayordomo, que el juez Bonet lo está estudiando y decidirá en su momento.

Gabriele, de momento, precisó Lombardi, sigue en prisión preventiva, en una habitación de máxima seguridad del Vaticano.

El mayordomo -subrayó- tiene garantizados «todos sus derechos, puede ver a sus familiares, a los abogados defensores e ir a misa».

Ayer, domingo, Paolo Gabriele, de 46 años, asistió a misa en una capilla del Vaticano custodiado por dos agentes de la Gendarmería Vaticana.

Lombardi negó hoy que dos cardenales y cuatro o cinco seglares, entre ellos un periodista, estén siendo investigados por las autoridades vaticanas en relación con este escándalo, conocido ya como «Vatileaks».

El portavoz, una vez más, llamó a la prensa a la «prudencia», a la vez que insistió en que «de momento» Gabriele es el «único investigado».

El portavoz de la Santa Sede rechazó la idea de que Gabriele sea «un chivo expiatorio» .

«Me parece que está lo suficientemente claro que la idea del chivo expiatorio no responde a la realidad. Se le han encontrado cosas (documentos reservados enviados al papa y su secretario en su domicilio, dentro del Vaticano) y ahora buscamos e intentamos saber. No, no hemos encontrado al chivo expiatorio», aseguró.

Rechazó las acusaciones que hace la prensa italiana de que las investigaciones van muy lentas y afirmó que, si se tiene esa impresión, «es porque se está trabajando y se evalúa todo lo que surge».

El portavoz dijo que el Vaticano no excluye, siempre que lo considere necesario, pedir la colaboración de la autoridad judicial italiana, «lo que hasta el momento no se ha producido».

En el caso de que el Vaticano quisiera interrogar a un italiano y éste lo rechazara, debería presentar una rogatoria internacional a Italia.

El escándalo de las filtraciones de documentos reservados se desató a principios de año, cuando una televisión italiana sacó a la luz unas cartas enviadas a Benedicto XVI por el nuncio en EEUU y ex secretario general del Governatorato de la Ciudad del Vaticano (Gobierno que gestiona este Estado), arzobispo Carlo María Viganó.

En ellas denunciaba la «corrupción, prevaricación y mala gestión» en la administración vaticana.

A mediados de abril, el papa creó una Comisión Cardenalicia, presidida por el español Julián Herranz, de 82 años, para esclarecer los hechos.

El 19 de mayo se publicó el libro «Sua Santita», de Gian Luigi Nuzzi, con un centenar de nuevos documentos filtrados desde el Vaticano que desvelan tramas e intrigas en el pequeño Estado.

Cinco días más tarde fue detenido el mayordomo, en cuya vivienda, dentro del Vaticano, los gendarmes encontraron numerosos documentos reservados.

Las sospechas se centraron en Gabriele, según fuentes vaticanas, al comprobar que el libro de Nuzzi incluía un documento enviado al papa y que todavía no había sido archivado, lo que daba a entender que tenía que haber sido sacado por personas muy cercanas al pontífice.

Gabriele, según sus abogados, está dispuesto a colaborar con la justicia vaticana para que se sepa la verdad.

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