Diga adiós a los productos mágicos para adelgazar en un santiamén y volver a recuperar el peso perdido y el malhumor. La dieta inteligente nos enseña cómo cambiar nuestros hábitos para adelgazar, sin pócimas extrañas y sin riesgo para la salud.

“En quince días no puedes perder el peso que has ganado en quince años,” aseguran las dietistas españolas Juana María González, Júlia Farré y Anabel Fernández, artífices del libro la “Dieta Inteligente”, basado en aprovechar la inteligencia de sus pacientes para cambiar sus hábitos de vida más arraigados y conseguir así adelgazar.

Fruto del trabajo conjunto de estas expertas en el Centro Nutricionista de Barcelona Alimenta, han escrito un libro a seis manos en el que explican el porqué la gente aumenta de peso y aportan herramientas para abandonar los malos hábitos alimenticios.

LOS BENEFICIOS DE UNA DIETA INTELIGENTE.

“Con `La Dieta Inteligente’ el esfuerzo para iniciar un control del peso es menor, porque no pasas hambre, mantienes un horario regular de comidas, no tienes que eliminar ningún tipo de alimentos, descartamos que haya alimentos buenos o malos- y evitamos el ‘efecto-rebote’, al no agredir a nuestro cuerpo”, aseguran las dietistas en una entrevista con Efe-Reportajes.

“Intentamos hacer un perfil psicológico de la gente que acude al consultorio, con la premisa de que una dieta tiene que ser agradable y les damos las herramientas para que puedan comer de todo”, recalcan.

La intención de estas tres especialistas es que los pacientes hagan un régimen equilibrado y duradero, no solo para que adelgacen, sino también para solucionar problemas físicos como la hipertensión o la diabetes, así como poner veto a dietas basadas en falsas premisas que perjudican al organismo.

“No es un libro de autoayuda, sino práctico, con grandes dosis de sentido común y reflexiones, porque lo que la gente quiere es mejorar su salud y, aunque demos unos métodos válidos para la ‘Operación Bikini’, no sirve sólo para eso, sino para que la persona se plantee objetivos a largo plazo”, asegura al unísono este colectivo.

ADIÓS AL DILEMA PECHUGA-LECHUGA.

El eterno dilema de “pechuga-lechuga” de los aburridos regímenes de adelgazamiento no tiene lugar para estas nutricionistas, que apuestan por seis tipos diferentes de dietas-menús en función de los gustos personales de cada uno, “con la pretensión de que la paciente siga unas pautas de alimentación porque las entiende y está convencida de ellas, no porque el médico se lo diga”.

“Es posible bajar de peso con los productos del supermercado, comiendo moderadamente y sin privarse de nada, siempre que se hagan cinco comidas al día y se siga una dieta baja en calorías; no hay que comer ‘raro’ sino comer bien”, matizan.

Las dietas y los menús propuestos por las expertas discriminan el número de calorías, que oscila entre las 1340 y las 1850 calorías diarias, según el sexo, la estatura y el tipo de deporte que se practica.

CINCO COMIDAS AL DÍA.

Las dietistas hacen hincapié en la importancia de cinco comidas diarias, sin saltarse ninguna, porque, aunque parezca mentira, “el cuerpo gasta calorías comiendo”. También aportan una serie de recetas para “disfrutar comiendo”, junto con la recomendación de “hacer ejercicio”, pero siempre aquel con el que la persona pueda disfrutar y le gratifique, no por obligación.

“Cuantas más veces comes al día, más energía gastas, porque tu cuerpo esta entretenido incorporando los nutrientes de los alimentos, lo que le hace gastar calorías”, ejemplifican las dietistas, para quienes la única manera de adelgazar es reduciendo calorías, pero ¡ojo!, nunca más de 0,5 a 1 kilo por semana, para no agredir tu cuerpo.

Para evitar la ansiedad que toda dieta puede generar en sus inicios, las expertas aconsejan “poner orden en las comidas, que los alimentos te sacien (¡nunca debes pasar hambre!), dormir bien y evitar excitantes. Una artimaña consiste en saciarte de verduras o comerte un yogur o una fruta cuando el hambre te pueda”.

SÍ A LOS HIDRATOS DE CARBONO.

“La Dieta Inteligente” es partidaria de incorporar al organismo hidratos de carbono como el pan, las pastas o las patatas, algo que muchos dietistas prohíben ahora, porque las expertas consideran que juegan una parte primordial en nuestra alimentación para proporcionar energía al organismo y ayudan al buen funcionamiento del cerebro, además de hacer que rindamos mejor.

“Si prescindimos por completo de los hidratos de carbono o los tomamos de modo insuficiente, el cuerpo comienza a obtener energía de las proteínas y de las grasas de un modo tan excesivo que produce cuerpos cetónicos, tóxicos para el organismo.

EFE