Además de estar muy vinculado a las emociones, nuestro sentido olfativo tiene un mayor impacto en nuestra memoria que lo que percibimos con los ojos. También existe un vínculo entre olfato y retentiva que se ha observado en quienes padecen Alzheimer, enfermedad en la que ambas capacidades se van perdiendo poco a poco.

Al repasar mentalmente un paseo por el campo tenemos más posibilidades de evocar una flor, cuyo dulce aroma percibimos, que la espectacular puesta del sol que alegró nuestros ojos.

Esto se debe a que las personas recuerdan hasta el 35 por ciento de lo que huelen y solamente el 5 por ciento de lo que ven, según la psicóloga Silvia Álava, que ha dirigido el estudio “Los olores y las emociones”, en el que han participado 1.000 sujetos de ambos sexos, de entre 25 y 45 años.

“La memoria es capaz de percibir hasta 10.000 aromas distintos, aunque únicamente es capaz de reconocer 200 olores”, ha explicado Álava, quien afirma que “al oler se estimula el sistema límbico”, un complejo conjunto de estructuras cerebrales que procesa las respuestas fisiológicas a los estímulos emocionales.

Según los autores de la investigación, elaborada por Ambi Pur, cuando olfateamos un perfume se produce un registro en nuestro cerebro similar al de la emoción relacionada con la que se percibió por primera vez con esa fragancia.

El 83 por ciento de los entrevistados para este estudio aseguran que evocan momentos felices con ciertos olores, y un 46,3 por ciento reconoce que, volver a disfrutar por el olfato algo familiar, como el material escolar de la infancia o la crema solar de las vacaciones pasadas, les influye más que volver a verlo o escucharlo.

RECUERDOS QUE HUELEN.

“Es un sentido con poder evocador, ya que a ocho de cada diez personas los olores les hacen recordar algo y les genera recuerdos”, afirma la psicóloga Mariana Segura, que ha presentado otro estudio sobre el olfato de la compañía Vicks.

Según este informe, los recuerdos vinculados a través del olfato suelen asociarse a situaciones vividas, a la infancia o a personas conocidas, aunque algunas personas los relacionan también a ciudades visitadas, amigos y anteriores parejas.

“Cuatro de cada diez personas asocia un perfume con alguien y uno de cada tres señala que existe una relación directa entre dicho perfume y el recuerdo de ese sujeto”, ha señalado Segura.

La retentiva y el olfato comparten algunas zonas en el cerebro. Distintas investigaciones apuntan a que la pérdida de olfato, podría ser un síntoma previo de dolencias neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, con lo que medir la capacidad olfativa podría convertirse en un sistema de diagnóstico precoz de estas enfermedades.

Según un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York (EE. UU.), una simple prueba, basada en examinar el sentido del olfato de una persona exponiéndola a un mismo olor a lo largo del tiempo, podría ayudar en el diagnóstico precoz del Alzheimer.

Los expertos creen que la formación de unas alteraciones cerebrales llamadas placas amiloides y ovillos neurofibrilares, contribuyen a la degradación de las neuronas en el cerebro y los síntomas posteriores de Alzheimer.

En experimentos con ratones de laboratorio, en los que se reprodujo una evolución progresiva de la enfermedad similar a la humana, descubrieron que las placas amiloides se producen primero en una región del cerebro responsable del olfato.

Los ratones con una alta concentración de amiloide en su cerebro tienen que olfatear olores durante más tiempo para ‘aprenderlos’ y también más problemas para diferenciar entre distintos olores.

Eugenio Frater.

EFE