En un novedoso estudio de 2004, la bióloga Elizabeth H. Blackburn y psicóloga Elissa S. Epel descubrieron que el estrés crónico acelera el índice de envejecimiento de las células. Las mujeres con los niveles más altos de estrés continuo tienen células que habían envejecido 10 años más allá de su edad biológica. La investigación también relaciono el estrés con el desarrollo de enfermedades crónicas.

Cuando la gente se siente abrumada por el estrés, a menudo responden con ira, miedo o depresión. Esto puede desencadenar la liberación de hormonas del estrés, lo que desencadena casi 1.400 reacciones químicas en el cuerpo y el cerebro que están íntimamente ligadas a numerosos problemas de salud. Estos incluyen la presión arterial alta, ritmo cardíaco irregular, dolor de cabeza, tensión muscular, el síndrome de intestino irritable y más.

La ira por sí sola puede aumentar el riesgo de un ataque al corazón en aproximadamente un 230 por ciento. Emocionalmente, las hormonas del estrés pueden conducir a una baja autoestima, confusión, fatiga, problemas de sueño y mucho más.

Afortunadamente, este tipo de reacciones perjudiciales no son inevitables. Es la forma en que la gente percibe y reacciona a los acontecimientos que determinan cómo responde su cuerpo. Dos personas pueden experimentar una situación similar, tal como se corte en el tráfico o perder un trabajo. Pero uno puede reaccionar negativamente, mientras que el otro responde con calma.

¿Cómo se puede mejorar la capacidad de recuperación y «encontrar la fuerza en la tormenta?» Comience mediante la práctica de algunos comportamientos básicos que, idealmente, se convierten en hábitos con el tiempo. El primer paso es relajar el cuerpo al respirar profundamente, manteniendo cada inhalación y exhalación mientras cuenta hasta cinco.

Haga un esfuerzo consciente para dejar de pensar en el pasado o preocuparse por el futuro. En su lugar, preste atención al aquí y ahora. Una forma sencilla de practicar este comportamiento consciente es adoptar un mantra – como «momento presente», «solo el momento» o «paz» – y repetirlo cuando el estrés se presenta. Las investigaciones demuestran que esto ayuda a calmar la mente y romper el ciclo de saltar de un pensamiento a otro, lo que puede provocar ansiedad. Hacer esto durante todo el día puede mantener el cuerpo y la mente preparado para lo inesperado.

Del mismo modo, tómese unos minutos para meditar cada día, ayuda a aumentar la recuperación mediante la promoción de la claridad de pensamiento y una más tranquila y más reflexionada respuesta a los eventos. La meditación también disminuye la presión arterial y el colesterol y disminuye la ansiedad y el dolor.

Otros consejos:

• Trate de evitar tomar las cosas personalmente y controlar todo lo que sucede. Recuerde la Oración de la Serenidad: «Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia».

• Haga ejercicio, especialmente al aire libre en la naturaleza. El ejercicio produce endorfinas, que son hormonas que mejoran la depresión y la ansiedad.

• Mantenga un diario de gratitud. Hay muchas cosas que agradecer. Todas las noches, anote cinco a 10 de ellos. Esto ayuda a enfocar la mente en todo lo bueno en la vida.

• Perdone. La investigación muestra que las personas que perdonan experimentan menos estrés e ira de los que llevan rencores. El perdón no corrige un error, pero sí permite a las personas controlar sobre sus emociones.

• Por último, pero no menos importante, ría tan a menudo como sea posible. La risa ayuda a aliviar el estrés y provoca cambios positivos en el cuerpo.

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