Ya lo hizo en 1998 con la segunda generación de un modelo que quedó marcado como uno de los referentes del automóvil en el siglo XX y en las más de 21 millones de unidades que vendió en los cinco continentes.

Ahora lo ha hecho con más rigor, en una tercera generación, mucho más fiel, en formas, al modelo original, que el predecesor. Y empieza la nueva historia con el propio nombre: Beettle, sin calificativos novedosos, para fijar sin confusiones que este Escarabajo es una evolución más apegada a la historia.

Hay que empezar este rigor histórico por el exterior, donde se han concretado una modificación sustancial de cotas, traducidas en 15 centímetros más de longitud y 8 de anchura; a cambio se rebaja la altura 1,2. Sobre la base de estas renovadas dimensiones se ha facilitado un maletero que gana 100 litros sobre el del New Beetle.

Aún con estos cambios, es difícil encuadrar al Beettle en un formato de segmento, pues ha retomado con bastante exactitud la filosofía del mito lanzado hace casi tres cuartas partes de siglo, de ahí que se quede en solitario en la oferta automovilística sin una competencia definida y directa.

Por delante, lateralmente y, sobre todo, por detrás, este Beetle evoca con mucha solvencia al primer Escarabajo. El frontal retoma un capó mas largo, extendido, y luego en su final, con pronunciada caída, así como un parabrisas inclinado y unos faros circulares de considerable diámetro, que hoy se adaptan a los tiempos con un semicírculo de luces LED de día.

La mirada lateral se posa sobre todo, en el arco que conforma la zona acristalada de las ventanillas entre los pilares A y C, la limpieza de las puertas, los pasos de rueda protuberantes y la talonera cromada, como recurso contemporáneo a la de goma del modelo clásico. Pero, por encima de todo, la vista se posa en unos tapacubos metálicos con el logotipo de la marca en el centro, casi idénticos, por no decir idénticos del todo, a los de la versión histórica. Esta concesión es opcional, pues dicho componente de serie adopta la forma más actual de las llantas multirradio.

Detrás, domina la caída diáfana del portón y una ventanilla trasera grande, en connivencia con unas defensas musculosas que dan a este Beetle una configuración más aguerrida y viril que la del modelo anterior. La apertura del portón se esconde en el logotipo de la marca y rompe la identidad de formas de la zona con la ausencia de aquel original pico en el centro, que servía de lámpara de iluminación a la matrícula.

Si la huella del gran Escarabajo está presente en esa visión exterior, dentro del coche también domina ese estilo «vintage», fiel reflejo de que el fabricante de Wolfsburgo ha jugado con un clasicismo modernista en esta tercera generación del modelo.

Una llamada de atención está en la fidelidad al modelo original que se detecta principalmente en el salpicadero, cuyo elemento más comprometido con ese pasado es una guantera que se abre de abajo a arriba como en el Escarabajo que aún se mantiene en la vista y en el recuerdo.

Los paneles del salpicadero están lacados en el color de la carrocería o en una imitación de fibra de carbono, en función del nivel de equipamiento. Hay mucho contenido «retro» en esta zona, lo mismo que el retorno al recurso de las gomas enlazadas, como fórmula de agarradera para los pasajeros durante la marcha, situados a ambos lados entre filas.

El Beetle de ahora mismo juega a la plena actualidad con un volante de tres radios, de una concepción clásica, pero con la concesión de la zona plana en la parte de abajo. Los relojes son también modernos y con los dígitos grandes para facilitar su lectura. Las salidas de las tomas del aire acondicionado adoptan formas circulares a ambos lados del salpicadero y rectangulares en la parte central. Por cierto, el sistema es de doble regulación.

La entrada al recinto se hace con suficiente comodidad, incluso a las plazas traseras, por el extendido movimiento de los asientos delanteros y el amplio marco de la puerta. Una vez dentro, el asiento del conductor ofrece una buena posición de conducción a la par que recoge a afirma bien la zona lumbar.

Una ganancia en longitud de 15 centímetros tiene que notarse por fuerza en capacidad y en la comodidad a bordo. La primera ya ha sido resaltada con el maletero, apto para el equipaje de un viaje largo y para objetos de ocio, si se quiere prescindir de la fila trasera de asientos, donde esa capacidad de carga con números por testigo, se eleva a 915 litros.

Asimismo, la separación entre filas deja en posición relajada y amplia a los ocupantes de atrás que, sobre eso, cuentan con que la altura hacia el techo, pese a su mínima reducción, permite sentarse

EFE

Ellatinoonline.com