En los 236 años de historia de Estados Unidos, dos pajarracos han resultado envueltos en movidas controversias políticas, y, al final, resultaron desplumados.

Esta historia se inicia el 4 de julio de 1776, Día de la Declaración de Independencia.

Ese jueves en la tarde, se nombró una comisión para que recomendara el diseño del sello oficial de la Nación.

John Adams, Benjamin Franklin y Thomas Jefferson, armados de imaginación, papel y lápiz, emplearon 47 días, diseñando el símbolo. Pero, a juzgar por los pobres resultados, la historia los reconoce como “padres fundadores”, y no como diseñadores gráficos.

Pasaron cuatro años. En marzo de 1780, el Congreso designó un segundo comité. Para no hacer el oso, le ofrecieron la chamba de consultor a Francis Hopkinson, experto en heráldica, quien diseñó aquella bandera de Estados Unidos que el Congreso aprobó en junio de 1777.

En vista que transcurrieron otros dos años, sin resultados, en mayo de 1782 se nombró un tercer comité. Estaba a punto de culminar la Guerra de Independencia contra Inglaterra, y era urgente definir el símbolo, para mandar a hacer el sello que aparecería sobre el acuerdo de paz.

El Congreso no confió en más comités. Le encargó al secretario del congreso, Charles Thomson, que mirara las propuestas de esos seis años y recomendara algo original.

En junio de 1782 Thomson recomendó: Una águila calva americana, con las alas extendidas, con un escudo sobre su pecho. Con la garra derecha aprieta una rama de olivo (símbolo de paz) mientras que con la garra izquierda mantiene un puñado de flechas (símbolo de guerra). Sobre la cabeza del águila aparece una constelación de trece estrellas que representan los trece Estados que seis años atrás declararon su independencia de Inglaterra.

Benjamin Franklin se opuso: “Yo quisiera que el Águila Calva no hubiese sido escogida para representar a nuestro país; es un ave de mal carácter moral”.

A cambio, propuso al pavo silvestre americano -“meleagris gallipavo”- por ser un símbolo más respetable para el país.

Pero eran tiempos de guerra contra Inglaterra, y el pavo lucía demasiado gordo y bonachón.

Como premio de consolación, a nuestro respetable pavo americano le dieron el honor de aparecer todos los años -desplumado y bronceado- en erótica posición de “entrega total”, durante la cena del thanksgiving.

El segundo pajarraco desplumado en esta historia es aquel que los niños reconocen como “Big Bird”.

Este querido personaje de la serie “Plaza Sésamo” –conocido como “Abelardo”- resultará decapitado y horneado (como un vulgar pavo) si el candidato Mitt Romney gana la presidencia.

Durante el primer debate presidencial, el candidato republicano anunció que le cortará el subsidio a PBS, la organización de televisión que produce “Plaza Sésamo”, para hacer frente a la deuda nacional.

Miles de fanáticos del “Big Bird”, que de niños vivieron las historias de los personajes de la serie, se indignaron con la propuesta. De esta manera, sin proponérselo, “Abelardo Montoya” saltó al escenario político.

Aún no se sabe si sus compañeros, Beto y Enrique, el Monstruo Comegalletas, Elmo y el Conde Contar, lo respaldarán en esta campaña.

Por lo pronto se develó un secreto: el traje del “Big Bird”, se fabrica con plumas de pavo, teñidas de color “amarillo pollito”.

Como quien dice, los dos pajarracos desplumados de esta historia, están unidos por las mismas plumas.

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(fin)

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VERBATIM

“Me encantan los pavos del Thanksgiving… esta es la única oportunidad en Hollywood que se pueden ver pechugas naturales”

Arnold Schwarzenegger

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