Chicago, 23 oct (EFE).- Cuando Alfonso «Piloto» Nieves Ruiz emigró de México en 1997 quería ser jugador de fútbol americano, pero un accidente lo apartó de las canchas y lo condujo hacia la escultura, una vocación que lo ha convertido en un artista popular en Chicago.

Las esculturas de «Piloto», como se le conoce en el ambiente artístico, fueron una de las principales atracciones del reciente Pilsen Open Studios, un festival de arte y cultura que en su décima edición exhibió los trabajos de 106 artistas latinos de Chicago.

Decenas de galerías de arte, casas y talleres del barrio Pilsen, con mayoría de población hispana en el suroeste de la ciudad, repitieron la tradición de educar y compartir el arte que atrae un público de miles de personas durante dos días.

En el Centro Cultural Calles y Sueños, el nombre de la muestra atraía la curiosidad de los visitantes: «Para regresar a mis raíces necesito estas pinches muletas».

En el interior, el trabajo autodidacta que el propio escultor cataloga de «arte muy grotesco», que divide la atención del público, dijo.

«Están los que nada más ven, y se van, y los que se quedan para ver detalles de la obra», dijo a Efe el artista, para quien el ser autodidacta le da la libertad de «crear sin las limitaciones impuestas por instituciones».

Antes del festival de Pilsen, una de sus muestras más exitosas fue «Cabeza de Barro», realizada en 2011 en el Museo Mexicano de Bellas Artes ubicado en el mismo barrio de Chicago.

«Utilizo como herramienta principal el barro, como símbolo de la tierra y de que todo y todos provenimos de ella. Lo junto con la basura que recojo y de esa forma trato de mostrar la basura mental y desconexión espiritual a la que estamos expuestos todos los días», señaló.

Para el escultor, su arte puede ser catalogado como «oscuro, surreal o decadente», pero dentro de esta última categoría «está la reconstrucción y regeneración de lo destruido».

«Es una forma de ver la vida, de que dentro de todo lo feo hay algo bien bonito», agregó.

A los 37 años de edad, «Piloto» consigue vivir exclusivamente de sus esculturas, y de la enseñanza de arte en escuelas, centros comunitarios y parques, después de luchar durante años como la mayoría de los inmigrantes que llegan a este país.

«Migramos por necesidad, como los pájaros y las mariposas, y ya estando de este lado se me dio la oportunidad de proyectar mi arte», dijo «Piloto», quien llegó desde Querétaro hace 15 años.

En México jugaba al fútbol americano en el equipo de la Universidad Autónoma de Querétaro, «y cuando me vine a Chicago pensé que era lo mío; pero me lesioné al saltar una valla durante un concierto de heavy metal, no jugando».

El sueño de una carrera deportiva quedó atrás y la realidad lo llevó a trabajar de cocinero y mesero, y en la construcción.

Finalmente en 2001 una profesora del centro donde estudiaba inglés lo convenció a retomar el camino del arte de su niñez, cuando esculpía con migajas de pan y plastilina, y que luego de jovencito le permitió «pintar chamarras y playeras, los cuartos de mis cuates con imágenes de bandas de heavy metal, y hasta tatuajes».

La primera experiencia artística de «Piloto» en Chicago no fue muy exitosa, ya que el mural que pintó en una de las paredes del Lakeview Learning Center resultó muy polémico y fue cubierto con pintura al poco tiempo.

«No los culpo, porque mostraba a un Cristo crucificado con manos que jalaban su cuerpo con ganchos para colgar carne, una mujer con una balanza en cada mano y un avión bombardeando las balanzas», recordó.

Sin embargo, ese trabajo dio mucho que hablar, «Piloto» se convirtió en tema de discusión en varios cursos, los profesores lo comenzaron a invitar a charlas y exposiciones, «y un día, cuando me desperté, ya era considerado un gran escultor», dijo.

El artista mexicano Alfonso «Piloto» Nieves Ruiz posa para una fotografía durante la exhibición de sus obras en el marco de las atracciones del Pilsen Open Studios de Chicago. EFE