Este año no habrá fiesta de Halloween en mi vecindario.

La del año pasado resultó tan extraña y divertida, que coincidimos en que será muy difícil igualarla.

Con tres meses de anticipación preparamos la rumba y reunimos $1.000 dólares para premiar a la familia que presentara la comparsa que más miedo nos causara.

Pusimos dos condiciones: todas las familias debían traer comidas y refrescos, y no se permitían políticos.

Esa noche no cabía un alma en la casa de mi vecina Hortensia.

La primera comparsa que nos asustó fue la de un grupo de adolescentes disfrazados de banqueros que cargaban un aviso donde se leía “Wall Street”. Ahí mismo -de manera instintiva- todos agarramos nuestras billeteras para que los tipos no nos la fueran a birlar.

Unos cretinos se colocaron una gruesa cadena alrededor de la cintura –a manera de cinturón- y unieron los extremos con candado. El texto sobre las camisetas asustaba: “No abrir la jaula: Angrie Bird”.

Otros tarados se embutieron plumas amarillas entre el pantalón, a la altura de la ingle, y advirtieron en sus camisetas: “ El “Big Bird” duerme. Ni te atrevas a despertarlo”

Casi nos da un infarto cuando apareció una dama disfrazada de Eva. Cubrió su rostro con una bolsa de papel -a la que le abrió dos agujeritos para no desnucarse-. Con una hoja de parra se cubrió la vanguardia y con otra, su retaguardia. Para no exhibirse demasiado se tapó las luces direccionales con dos tréboles. Fue un verdadero milagro que en pleno otoño no se le cayeran las hojas. En la mano portaba una manzana tan real, que hasta se le asomó el gusano.

En el intento de asustarnos, una pareja se disfrazó de “Transformers”. Él apareció con el vestido de ella. Ella con el vestido de él. Al gato lo disfrazaron de perro y al perro de micifuz.

La comparsa que más comió, bebió y se gozó la fiesta, estaba compuesta por aquellos vecinos, que no colaboraron con dinero para el premio, no trajeron platos ni bebidas , y tampoco compraron disfraces.

  • ¡Silencio! –Grité a todo pulmón- ¿ustedes de qué vienen disfrazados?

Los muy frescos gritaron en coro:

  • Del “47%”.

(Alusión al 47% que -según los republicanos- no pagan impuestos y viven de subsidios del gobierno)

Los que llegaron disfrazado de payasos no fueron admitidos, porque se corría el riesgo que se colara algún político.

El ganador de la noche fue un tipo gordo disfrazado de policía que llegó, en un carro al que le adaptaron una luces de “flash” para que pareciera una patrulla.

Lo más divertido resultó cuando el tipo empezó a dar órdenes de apagar la música y le puso esposas a la dueña de casa y a la tía Filomena. Qué actuación tan realista. El clímax de las carcajadas se alcanzó cuando pidió refuerzo a sus compañeros de comparsa, y éstos llegaron disfrazados de “Grupo Swatt”.

¡Qué noche de sorpresas! Resultamos durmiendo en la estación de policía y un mes más tarde un juez nos sancionó con seis semanas de trabajo comunitario por burlarnos de la autoridad y resistirnos al arresto.

Gracias a que el premio de $1.000 se lo ganó la comparsa de la policía, pagamos la multa que nos impusieron por escándalo en el vecindario.

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(fin)

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VERBATIM

“La incógnita que desvela a muchos sociólogos: ¿cómo se celebra el Halloween en una colonia nudista?”

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