Este trastorno se produce cuando el cerebro es incapaz de regular los ciclos de sueño y vigilia. Su síntoma más incapacitante es la somnolencia excesiva durante el día. Aunque la narcolepsia no tiene cura, los especialistas aseguran que sus principales síntomas pueden tratarse de forma eficaz.

Quedarse dormido de repente y en el lugar más insospechado puede convertir cualquier actividad cotidiana en un auténtico peligro. Los ataques de sueño son el principal síntoma de la narcolepsia, un trastorno de origen neurológico que, por lo general, se manifiesta entre la segunda y la tercera década de la vida, según indican los expertos del Instituto de Investigaciones del Sueño.

La excesiva somnolencia diurna se presenta a diario y puede darse en situaciones monótonas, como leer o ver la televisión, pero también en circunstancias inapropiadas, tales como comer o conducir. “Los episodios pueden durar unos minutos o varias horas y presentarse de forma progresiva o brusca, como ataques de sueño irresistible”, explican.

Lo habitual es que los ataques de sueño sean “episodios de duración breve, es decir, de entre diez y quince minutos y que transcurra un mínimo de una hora entre un ataque y otro”, señala Gemma Sansa, coordinadora del Grupo de Estudio de Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología.

En la mayoría de los casos, la excesiva somnolencia diurna viene acompañada de cataplejías o crisis de hipotonía muscular.

Se trata de episodios de descenso brusco del tono muscular, pero sin pérdida de conciencia, que sobrevienen ante emociones fuertes como la risa, un susto o una discusión, detallan los expertos del Instituto de Investigaciones del Sueño.

Pueden aparecer alucinaciones

“Puede ocurrir en cualquier músculo del cuerpo, a veces de forma imperceptible, como una discreta sensación de flojera, pero otras veces con mayor intensidad, lo que puede ocasionar que la persona afectada caiga al suelo”, expresan.

Las alucinaciones hipnagógicas -auditiva, visual o táctil que se produce poco antes del inicio del sueño- e hipnopómpicas- aquellas que se producen en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, es decir, cuando nos estamos despertando- son otros síntomas característicos de la narcolepsia. “El paciente tiene percepciones irreales, ya sean auditivas, visuales o táctiles, que a veces refiere como terroríficas”, precisan.

Asimismo, los afectados por la narcolepsia suelen presentar parálisis del sueño. Esto, en algunos casos, consiste en la imposibilidad de mover las extremidades y en otros todo el cuerpo, justo antes de dormirse o al despertarse. Con frecuencia, la parálisis del sueño viene acompañada por las citadas alucinaciones.

Además, los narcolépticos se despiertan en repetidas ocasiones a lo largo de la noche, lo que se conoce como sueño fragmentado.

Entre quienes padecen esta patología son frecuentes las parasomnias como pesadillas, sonambulismo o episodios de agitación psicomotriz. Del mismo modo, las fases de sueño REM (movimientos oculares rápidos, por sus siglas en inglés) aparecen antes de lo normal.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología, además de experimentar una necesidad imperiosa de dormir, el 50 por ciento de los pacientes con narcolepsia tiene dificultad para dormir bien por la noche; el 20 por ciento sufre pesadillas, parálisis y alucinaciones; el 80 por ciento experimenta conductas automáticas o sonambulismo, y otro 20 por ciento padece trastornos alimentarios y tiene tendencia a la obesidad. Asimismo, el 70 por ciento se ve afectado por la cataplejía.

Pero las personas con narcolepsia pueden presentar también otros síntomas como sensación de cansancio y fatiga, trastornos del estado de ánimo, visión borrosa y percepción subjetiva de pérdida de memoria y falta de concentración.

Entre estos posibles síntomas se encuentra la conducta automática, que consiste en realizar actividades, por ejemplo un trayecto en coche, sin luego recordarlas, señala el Instituto de Investigaciones del Sueño.

Antonio Yusta Izquierdo, neurólogo del Hospital USP San Camilo de la capital de España, comenta que esta enfermedad “tiene un componente genético y con el tratamiento adecuado se pueden controlar bien los síntomas”.

A la hora de tratar la enfermedad, los especialistas del Instituto de Investigaciones del Sueño consideran “fundamental” establecer un horario de sueño regular y evitar tanto el alcohol como los fármacos depresores del sistema nervioso central. Además, recomiendan practicar ejercicio físico, aumentar el número de horas de sueño nocturno y realizar siestas cortas programadas durante el día.

Por su parte, el tratamiento farmacológico consta de medicamentos estimulantes, antidepresivos y de oxibato sódico. No obstante, antes de instaurarlo, cada paciente debe ser evaluado de forma individual. En este sentido, se ha de valorar el impacto de los síntomas sobre sus actividades cotidianas y los efectos secundarios del propio tratamiento, advierten.

Pero para poder iniciar el tratamiento es necesario que la enfermedad haya sido diagnosticada, lo que no siempre resulta sencillo. Así, la Sociedad Española de Neurología afirma que entre el 60 y el 80 por ciento de los pacientes con narcolepsia está sin diagnosticar.

Para la doctora Gemma Sansa, el principal problema de cara al diagnóstico es que estamos ante una enfermedad “poco frecuente que se desarrolla paulatinamente. Por ello, es común que su principal síntoma, la somnolencia excesiva, sea atribuido a otras causas como demasiado trabajo, falta de sueño o vaguería”.

Así, Sansa recomienda acudir al neurólogo en caso de experimentar somnolencia excesiva durante más de tres meses o debilidad muscular al expresar emociones.

A cualquier edad

Los primeros síntomas pueden darse a cualquier edad, pero en la mayoría de los casos la enfermedad aparece entre los diez y los veinticinco años. “Los síntomas de la narcolepsia comienzan a manifestarse de forma paulatina por lo que, ante los primeros avisos, es habitual que no se les dé la relevancia que tienen”, apunta Sansa.

La doctora destaca la importancia de detectar la narcolepsia de forma precoz para mejorar la calidad de vida de los pacientes. “Si no se diagnostica y no se trata, estos pueden presentar dificultades sociales, cognitivas y psicológicas tales como problemas de conducta, hiperactividad, déficit de atención, fracaso escolar o laboral, aislamiento social o baja autoestima”, describe.

La narcolepsia se produce cuando el cerebro experimenta una reducción del número de neuronas hipotalámicas encargadas de la síntesis de una proteína denominada hipocretina, responsable de mantenernos despiertos.

Sin embargo, las causas por las que se pierden dichas neuronas todavía no están del todo claras. Por otra parte, nuevas evidencias parecen indicar que la narcolepsia es una enfermedad de carácter autoinmune.

“Aunque existe relación genética, el riesgo de los parientes de personas con narcolepsia es bajo. Por esa razón, se barajan otras posibilidades como infección por estreptococo o características específicas del sistema inmunológico”, sostiene Sansa.

En cualquier caso, “gracias a los avances que se han producido en la investigación de esta enfermedad, pensamos que, a medida que seamos capaces de sintetizar artificialmente hipocretina, es posible que logremos encontrar la cura”, señala la neuróloga.