WASHINGTON, D.C.- Es un hecho que las aficiones de las personas expresan, en gran medida, su formación pero también sus fortalezas y debilidades.

Y en definitiva la del presidente Barack Obama es su gusto por la práctica del deporte, una actividad necesaria en el desarrollo de los seres humanos, pero que por desgracia no lo solemos llevar a cabo por flojera, desinterés o falta de medios.

Así mientras el jefe de la casa presidencial está interesado en ejercitar ciertos deportes, como ironía, la primera dama, Michelle Obama, ha impulsado un programa para hacer frente a la obesidad y el sobrepeso, enfermedades, sin duda, que son u signo de nuestro tiempo, con la ingesta de la comida rápida.

Por esa inactividad fue motivo de gran sorpresa, el 10 de agosto del 2010, para la mayoría de miembros de su gabinete y legisladores que fueron ‘invitados’ por el Presidente para pasar una tarde diferente: “jugar un partido de básquetbol en la cancha de la Casa Blanca” –que para eso está.

Sólo unos cuantos políticos como el entonces secretario del Tesoro, Tim Geithner; su secretario de Educación, Arne Duncan, 9 legisladores demócratas y 2 republicanos aceptaron tan desafiante y singular convocatoria. El resto le seguirían apostando a la inactividad y el ocio.

Aunque debe decirse que Barack Obama, uno de los muy contados políticos que han llegado a la Casa Blanca con el gusto por la práctica del deporte, también práctica el golf los domingos, y ahí si tiene más amigos que lo secundan.

Los demás le apuestan al sobrepeso y la obesidad, y caen en la esfera de Michelle como muchos estadounidenses. Un equilibrio presidencial, no cabe duda.

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