Por: © 2012 Armando Caicedo

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Qué cantidad de fábulas se inventan los mayores para engatusar a los niños.

No se limitan a escribir historia tan enredadas como la de “Alicia en el País de las Maravillas”, sino que, de encime, se inventan la escuela de magia del “Harry Potter”.

Una fuente de alta fidelidad –que prefiere mantenerse anónima- me juró que los autores de ambas historias las escribieron bajo los efectos de alguna yerba de dudosa ortografía, y que para que un escuincle las entienda, se sugiere que las lea, previa aspiración de alguna substancia psicotrópica prohibida.

Los adultos aprovechan el ambiente de Navidad para crear una sarta de mentiras piadosas para consumo de los niños.

La más popular es que Santa trae los regalos de Navidad.

Cuando a mis treinta años cumplidos vine a descubrir tan perverso engaño, caí en tan profunda depresión que hasta ahora -décadas después- apenas me estoy recuperando.

En otras latitudes, se inventaron una fantasía similar. Los Tres Reyes Magos llevan los regalos, “sólo a aquellos niños que se toman la sopa”. Este truco infame tiene como propósito echarle la culpa a los árabes por la mala calidad de los productos, que nuestros empresarios americanos les mandan a fabricar a los chinos.

Y, claro, con tantas verdades a medias, los tiernos escuincles resultamos más perdidos que la «reforma migratoria».

Qué peleas tuvimos en el vecindario tratando de interpretar los secretos de la Navidad.

  • ¿Quiénes son más rápidos, los ocho renos de Finlandia que tiran del trineo de Santa o los tres camellos árabes que cargan a los tres Reyes Magos?

Mi joven tía Filomena arbitró dicha pelea, con su peculiar estilo imperial.

  • Cretinos, ¿es que no saben aritmética? ¡Cuenten con los dedos! En esa carrera por ganar el corazón de nuestros niños, gana el trineo de Santa, pues llega a nuestras casas trece días antes que “ese trio de terroristas palestinos”.

Como yo nací en el siglo pasado y en esos tiempos nadie tenía GPS, pues la pelea más reñida era sobre cómo se orientan Santa y los Tres Reyes Magos, para llegar a nuestras casas.

En cuanto a los Tres Reyes Magos la explicación resultaba fácil. Los tipos miraban hacia el cielo y la Estrella de Belén les guiñaba el ojo para soplarles: «el camino es por ese lado».

Pero allá en el Norte, en medio de una borrasca de nieve que no dejaba ver ni la noche oscura, Santa gritaba «¿por dónde es?». Y los ocho renos señalaban con sus cuernos -cada cual- hacia una dirección diferente. (Como quien dice, resulta más fácil poner de acuerdo a los congresistas demócratas con los republicanos, sobre qué hacer con once millones de indocumentados)

En medio de tamaña confusión, Santa se dio cuenta que Rudolph -un reno reputado como el más imbecilillo del grupo- poseía una ridícula nariz roja, que se le empezó a alumbrar, desde cuando por accidente, se tragó media docena de baterías Duracell.

Gracias a su luminosa nariz, Rudolph se ganó la chamba de “guía del trineo” y el dudoso honor de ser el reno más famoso del mundo.

Para la próxima Navidad prometo aclararles otras dos fábulas:

  • De cómo “Peter Pan” se convirtió en el “Chavo del Ocho”.

  • Y la metamorfosis que sufrió “Campanita”, hasta convertirse en la “Chilindrina”.

VERBATIM

“En alguna Navidad yo sorprendí a mis hijos con un par de baterías, acompañadas de una nota que decía: “Juguetes no incluidos”

Bernard Manning