San Diego, 3 ene (EFE).- Pese al creciente interés por reclutar a jóvenes hispanos para el Ejército y la Patrulla Fronteriza, diversos activistas alertan de que estas opciones suelen ser de corto plazo y pueden desplazar a la educación superior, la opción más sólida de movilidad social.

Para el profesor Jorge Mariscal de la Universidad de California en San Diego, la falta de oportunidades por falta de educación, la tradición en la familia de realizar el servicio militar y el atractivo del modelo de masculinidad que implica son las principales razones por las que hispanos se unen al Ejército.

El activista Christian Ramírez de Alianza San Diego, uno de los impulsores de una medida para limitar el acceso de reclutadores a los jóvenes en esta ciudad, dijo hoy que la regularización migratoria y las presiones para legitimar su pertenencia a EE.UU. también son motivaciones importantes para los jóvenes hispanos.

«El problema es que el entrenamiento que se da en el Ejército, y ahora que no hay un movimiento bélico de gran envergadura en puerta, la otra opción que está surgiendo, la de la Patrulla Fronteriza, suelen ser de corto plazo y no preparan a los jóvenes para carreras que les permitan la movilidad social», explicó.

Para Mariscal, nieto de inmigrantes mexicanos e hijo de un infante de marina que combatió en la Segunda Guerra Mundial, y quien también es veterano de la guerra de Vietnam, las diferencias de clase social y etnia siguen siendo importantes.

Según el Comando de Reclutamiento del Ejército, en el año fiscal 2011 se reclutaron 64.019 jóvenes, entre los que un 12,7 % fueron de hispanos para el Ejército activo y un 15 % en la reserva.

Los hispanos representan el 11,4 % de las fuerzas militares en activo, con más de 157.000 personas, lo que representa un aumento del 3 % desde 2005, cantidad que podría aumentar como consecuencia de recientes propuestas de inmigración que prometen regularización a cambio de servir en el Ejército.

«Hay quien argumenta que la pobreza da a los jóvenes una razón para unirse al Ejército y, de forma legal y con la bendición del Gobierno, matar, torturar y odiar a otras personas a fin de desahogar sus hostilidades contra la sociedad. Nunca me encontré a nadie para el cual esto fuera cierto», indicó a Efe Mariscal.

El argumento de que lo hacen por patriotismo, para «servir al país», también es falso, dijo, pues pese a que un reducido número de reclutas citan «el deber a la patria» como una razón, muchos jóvenes buscan lidiar con la presión económica de su vida diaria, escapar de una situación que consideran sin salida en casa o lograr la ciudadanía.

«Pese a que los reclutadores pueden no enfocarse explícitamente en los pobres, hay evidencia que muestra que se enfocan en aquellos cuyas opciones de carrera está severamente limitadas con programas que permiten, por ejemplo, alistarse mientras completan la certificación alternativa de preparatoria», indicó.

El Ejército ha lanzado campañas de reclutamiento en medios en español a fin de atraer a jóvenes hispanos, lo cual ha sido criticado por activistas como los cineastas del grupo Big Noise y Producciones Cimarrón, que han lanzado el documental «Yo Soy el Army», en el que argumentan que la proporción de hispanos muertos en conflictos bélicos es mucho mayor que la media.

Mariscal forma parte de la Red Nacional en Contra de la Militarización de los Jóvenes (NNOMY), que combate lo que considera una creciente militarización de las escuelas públicas y del cual forman parte veteranos, padres y organizaciones de jóvenes como Ya-Yas (Jóvenes Activistas, Jóvenes Aliados) de Nueva York y Educación no Armas de San Diego.

A consecuencia del trabajo de la organización en San Diego, en noviembre de 2010 su Distrito Escolar Unificado adoptó una política para impedir agresivas actividades de reclutamiento.

Ramírez asegura haber visto mucha confusión en las familias, que creen que entrar en el Ejército es una manera de arreglar su situación migratoria, y explica que eso falso, pues es necesario tener residencia para alistarse.

«Vemos que en la medida en que se eliminan programas para personas de bajos recursos, incluyendo a la población latina para ingresar al sistema educativo, hay un incremento en la atracción de las fuerzas armadas», explica.

Además, «muchachos que ingresan al Ejército no salen de su carrera militar preparados para ingresar a la vida civil», advierte el activista, que recuerda que «la educación superior sigue siendo la mejor opción de movilidad socioeconómica».

Las comunidades hispanas, según Mariscal, «experimentan una doble deportación: Muchos jóvenes reclutados terminan en Irak y Afganistán, lo que es una deportación metafórica, pero desde la perspectiva de la familia dolorosa de todas formas, mientras que sus familiares sufren la invasión de agentes de inmigración».EFE