¡Qué comienzo de año tan emocionante!

Según las noticias alarmantes que circularon en víspera del fin de año, a la “hora cero” del 2013, los aterrorizados 315 millones de americanos caeríamos desnucados, en un tal “abismo fiscal”.

Mientras todos agonizamos esperando la ocurrencia de semejante pesadilla, nuestros congresistas continuaban olímpicos en sus agrias disputas, culpándose mutuamente del desastre apocalíptico que se iniciaría a la medianoche del 31 de diciembre, si antes no se ponían de acuerdo en temas tan áridos como los de impuestos y los recortes al gasto público.

¡Qué pujadera la de esa noche!

Confieso que sigo sin entender qué diablos es el tal “fiscal cliff”. Pero como no había otras noticias, me contagié del ambiente de batalla, y, resulté pujando con tanto entusiasmo…. que casi estrangulo mi asterisco.

  • ¡Tía! ¡Tía! Ya empezó a descender la “bola” en Times Square. Se acaba el año y estos congresistas continúan sin ponerse de acuerdo.

  • ¡No me hables de bolas! ¡Cretijno! -respondió la vieja- “bolas” son las que les faltan a esos negociadores , pues se requiere valor para lograr acuerdos políticos generosos, sin angustiar al pueblo americano.

La tía tiene razón. El mensaje que le enviamos al resto del mundo es que la economía norteamericana continúa secuestrada por un grupo intransigente de políticos de extrema derecha, que en cambio de ayudar a la Nación a que salga de la crisis, se dedican a inventar crisis tras crisis, apostando a que una impensable catástrofe financiera los instale en la Casa Blanca.

El tío Epaminondas metió la cucharada.

  • Después de tantos meses de agonía, les deberían conceder el “premio Guinness a la terquedad”. Y esa terquedad la pagamos todos los americanos,

¡Seguro! Hace pocos meses -agosto de 2011- el mundo quedó boquiabierto, al descubrir que la economía estadounidense ya no luce tan estable como se pensaba.

Por primera vez en la historia, le rebajaron a Estados Unidos la calificación sobre su habilidad para manejar la deuda pública.

Pero esa baja calificación no fue resultado de la pérdida de solidez económica de Estados Unidos, sino producto del clima de desconfianza que los congresistas del “tea party” provocaron con su terca intransigencia durante los debates.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie, si por culpa de tanto enredo político caemos en otra recesión?

La tía Filomena sugiere que durante el invierno nos acostemos con el perro para que nos caliente los pies. Así podremos apagar la calefacción.

El tío Epaminondas recomienda que toda la familia se duche en grupo para ahorrar agua.

Mi prima Lastenia sugiere que al terminar de comer en un buen restaurante te hagas el enfermo. Ahí mismo te perdonan la cuenta, y, de encime, te regalan cupones para que regreses a comer cuando te sientas mejor.

Una pariente política, recomienda no pagar una “baby sitter”. Ahora alquila a su escuincle, a una pareja amiga -recién casada- para que practiquen el arte de ser padres.

Y hasta mi primo Sinforoso me confiesa que en tiempos de recesión económica, se pueden pedir servilletas extras en los restaurantes de comida rápida, para usarlas en casa como papel higiénico.

  • ¿Ya se terminó esta agonía”?, mijo.

  • Me huelo que no, tía. La “tercera edición” del “Fiscal Cliff” ya asoma las narices a la vuelta de la esquina, y la trifulca promete ser más agria que todas las anteriores.

VERBATIM

“Así como la guerra es un asunto demasiado serio para dejárselo a los generales, la economía es un asunto demasiado serio para dejárselo a los políticos”

Por: © 2013 Armando Caicedo

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