Hace cinco años, un grupo de chicos de secundaria entraron de mala gana a la Escuela de Aprendizaje Alternativo para el Comportamiento y Actitud (ALBA).

Ahí estaba el estudio de baile Malashock incorporado a San Diego Dance Place (Plaza de Baile de San Diego) en Liberty Station (Barrio Libertad).

Los jóvenes entraron con los brazos cruzados, vestidos en sudaderas con capucha y prácticamente detuvieron sus cuerpos presionados contra las paredes.

“Podía sentir su malestar que impregnaba el espacio vacío mientras luchaba para guiarlos en un círculo mientras los presentaba con otros compañeros”, dijo la profesora de danza Molly Puryear, instructora de baile por 4 años en Malashock.

Fue mi primera experiencia en el trabajo, continuó, con jóvenes en situación de riesgo, y yo estaba aterrorizada de lo extraño que se sentían en aquel ambiente.

“Ellos no querían bailar, y sabían que yo no podía obligarlos a hacer lo que no quisieran”, dijo, “lo único que podía hacer era seguir siendo implacablemente positivo y hacer que cada uno de ellos se sintiera suficientemente seguro como para correr el riesgo. La danza es vulnerable, y fue evidente de inmediato. Mi trabajo consistía en construir una base de confianza que les serviría mucho tiempo después de terminar sus clases de baile.”

Al final de la última clase quería ver gente extraordinaria, aunque no necesariamente bailarines extraordinarios, indicó Molly.

Después de 12 semanas juntos, expresó, la asistencia de niños a la escuela había aumentado a casi el 99 por ciento en los días que habían participado en el programa, y el espacio ahora estaba lleno de energía positiva. ¿Qué pasó durante esas 12 semanas? Fueron nada menos que mágicos. No eran los planes, la música o la lección los que facilitaron esta experiencia transformadora.

“No era un producto acabado pulido con habilidad técnica que les hizo sentir que tienen éxito. Era el proceso de crear algo juntos, en un espacio seguro, lo que permitió a los estudiantes a verse a sí mismos, a sus compañeros y, posiblemente, el mundo a su alrededor de una manera nueva”, consideró la instructora.

Malashock Dance, una innovadora compañía de danza moderna celebra su temporada número 25 este año y atiende a más de 2.000 de los candidatos para la danza cada año a través de las asociaciones comunitarias y residencias dentro de la escuela.

Un grupo apasionado de la Enseñanza de la Danza Artistas Malashock trabaja con personas con discapacidad, jóvenes en situación de riesgo y los estudiantes que participan en las clases de baile en su escuela.

En el “frente” de la superficie destaca la obra y gracia de la educación artística, ahí están los educadores descubridores de los talentos ocultos en los niños tímidos, como Puryear.

El objetivo esencial se había conquistado: facilitar la resolución de problemas de manera entusiasta y creativa entre los niños habitualmente desafiantes.

Cada nueva experiencia que comparte con los niños es perspicaz, de movimiento y satisfacción, y se desea cambiar o constatar cómo cambia las vidas de muchos más niños en el área de San Diego. Obtenga más información en www.malashockdance.org.

Horacio Rentería

Ellatinoonline.com