La tuberculosis es, después del sida, la enfermedad infecciosa que m·s muertes origina, según indica la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, esta patología puede tratarse y curarse. De hecho, dos nuevos medicamentos suscitan grandes expectativas en este terreno.

El aire es el vehículo que utiliza la enfermedad para viajar de una persona a otra. Así, cuando un enfermo de tuberculosis pulmonar tose, estornuda o escupe, expulsa bacilos tuberculosos y si otra persona inhala unos pocos puede quedar infectada.

Quienes se infectan tienen un 10% de probabilidades de enfermar de tuberculosis a lo largo de la vida, señala la Organización Mundial de la Salud (OMS). No obstante, el riesgo es mucho más elevado para los fumadores y para aquellas personas cuyo sistema inmunitario está debilitado, como ocurre en casos de infección por VIH, desnutrición o diabetes.

“Se calcula que una tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente, es decir, están infectados por el bacilo pero aún no han enfermado ni pueden transmitir la infección”, subraya esta entidad.

Asimismo, según datos de la OMS, en 2011, 8,7 millones de personas enfermaron de tuberculosis y 1,4 millones murieron por esta causa. Sin embargo, la tasa de mortalidad por tuberculosis ha disminuido considerablemente durante las últimas dos décadas.

EL RIESGO A LA RESISTENCIA A LOS MEDICAMENTOS

En este sentido, los especialistas recalcan que la tuberculosis puede tratarse y curarse. Para ello, es fundamental seguir el tratamiento de manera adecuada ya que uno de los principales problemas en la lucha contra esta enfermedad es la resistencia a los medicamentos.

El Plan para la Prevención y Control de la Tuberculosis en España (PPCTE) recomienda que los casos nuevos sean tratados durante los dos primeros meses con rifampicina, isoniacida, etambutol y pirazinamida. A continuación, debe administrarse rifampicina e isoniacida durante cuatro meses más.

“Esta pauta procede de ensayos clínicos realizados en los años 70. Es antigua, lo que se debe a que la investigación en fármacos para esta enfermedad ha sido muy limitada”, señala Joan Cayl, miembro del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (noreste de España).

El especialista destaca que la introducción de dosis fijas medicamentosas, es decir, la inclusión de los dos, tres o cuatro fármacos más importantes dentro de la misma pastilla, ha supuesto un avance importante. De este modo, se reduce el riesgo de resistencia a los medicamentos en caso de abandono del tratamiento. “Si se administraran los fármacos por separado y el paciente sólo tomara uno o dos, la probabilidad de generar resistencias sería muy alta”, subraya.

Así, el mal uso de los medicamentos de primera línea puede derivar en tuberculosis multirresistente.

Cayl declara que “la tuberculosis multirresistente implica resistencia a los dos fármacos principales, es decir, a la rifampicina y a la isoniacida. Esto prolonga la duración del tratamiento y lo complica, ya que hace necesario emplear fármacos de segunda línea”.

También puede generarse resistencia ante uno solo de los dos medicamentos. “En estas situaciones, deberemos dar al menos tres fármacos sensibles hasta que el cultivo sea negativo y continuaremos con dos fármacos. La duración ser· de doce meses si podemos utilizar rifampicina y no isoniacida, de dieciocho meses si podemos usar isoniacida y no rifampicina y de veinticuatro meses o más si no podemos usar ninguno de los dos fármacos principales”, describe el experto.

En algunas ocasiones, los tratamientos contra la tuberculosis pueden producir intolerancias digestivas, toxicidad hepática o renal y alergias. Por ello, Cayl recomienda a los pacientes en tratamiento que consulten rápidamente a su médico si notan alguna molestia.

UN F¡RMACO PROMETEDOR.

Tras varias décadas sin novedades en materia de tratamiento contra la tuberculosis, con la bedaquilina llegan nuevas esperanzas. “Es un fármaco prometedor, el único nuevo desde la introducción de la rifampicina en 1970î, apunta Cayl.

El especialista explica que ha sido aprobado recientemente por la FDA (Federación de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos) para enfermos con tuberculosis multirresistente en los que no se pueden utilizar otros fármacos.

El facultativo destaca que se demostró su eficacia en animales de laboratorio y un ensayo clínico de fase dos puso de manifiesto su seguridad. “Ahora estamos pendientes de un estudio de fase tres que confirme estos resultados”, aclara.

Otro fármaco que se halla en las últimas fases de estudio es la delamanida. “Está pendiente de aprobación por la Agencia Europea del Medicamento y constituye una esperanza para el tratamiento de la tuberculosis multirresistente”, afirma.

El doctor Cayl indica que, en la actualidad, la tasa de curación de la enfermedad es “es excelente si se cumple el tratamiento”, pues es superior al 99% de los casos.

En este sentido, señala que conseguir cumplimientos elevados es un desafío para los programas de control y un objetivo difícil si no se dispone de tratamientos directamente observados, que consisten en supervisar diariamente que el paciente toma la medicación.

Así, precisa que los tratamientos directamente observados están especialmente indicados para pacientes con ciertos problemas de carácter médico o social como la indigencia, el alcoholismo las toxicomanías o las psicopatías.

De hecho, la mortalidad mundial por tuberculosis ha disminuido en más de un 40% desde 1990 y su incidencia también está descendiendo.

Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer y la erradicación de la enfermedad sigue siendo un objetivo lejano.

El doctor Cayl explica que “la humanidad solo ha conseguido erradicar una enfermedad infecciosa relevante, que es la viruela. Ello fue posible porque la clínica era muy clara, el período de incubación corto, había una vacuna muy eficaz y se consiguió impulsar un gran programa orientado a la erradicación.

Pero, en lo relativo a la tuberculosis, a corto y medio plazo “sólo podemos pensar en programas de control tendentes a reducir su incidencia y mortalidad”, opina el experto.

En palabras del especialista, esto es así porque entre el 20% y el 25% de la población mundial tiene la infección tuberculosa latente y puede desarrollar la tuberculosis activa al cabo de años, por ejemplo en la vejez, cuando la inmunidad declina. Por otro lado, también resulta determinante el inmenso número de casos que se da a escala mundial, aproximadamente unos ocho millones al año.

Por estos motivos, se ha fijado como meta que la cifra de enfermos de tuberculosis sea inferior a un caso por cada millón de habitantes. Tal dato indicaría que “esta vieja enfermedad ya no sería un problema de salud pública”, concluye.

EFE

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