Yo. que soy un tipo de mediana estatura, medio barrigón y medio miope, me doy cuenta que ser talla “medium” es una tragedia. Nadie te tiene en cuenta.

No eres alto, pero tampoco bajito. No eres obeso, pero tampoco anémico. No eres billonario, pero tampoco pobretón. Ser “m” corresponde, técnicamente, a ser del “montón”.

Lo importante, sobrino –me aconsejó la tía Filomena- no es “cómo te consideres”, sino “cómo te ve la gente”.

Para comprobarlo, reunimos a un grupo de parientes políticos con el pretexto de tomar un café. La tía Filomena aprovechó para preguntarles su opinión sobre mí.

Para que la prueba fuera confiable, la vieja me escondió detrás de una cortina. Así pude escuchar los conceptos tan desabrochados que estos infames tienen sobre mí.

¡Qué coincidencia! Mis parientes también opinan que soy un tipo “medio”: medio cretino, medio imbecilillo, medio despistado, pero eso sí ¡brillante! (Lo de “brillante”, explicó el tío Epaminondas, se debe a que como soy “medio calvo” se me ve el cráneo brillante)

Desde cuando aterricé de barriga en la edad “m” (que no es la “edad media”, sino la “edad de merecer”) me di cuenta que para los asuntos del amor y el sexo, yo era un novio triple eme (“mmm”), vale decir: “modesto, módico y mesurado”.

Una vez aprobé en mi escuela los cursos teóricos sobre “educación sexual y responsabilidad en el matrimonio”, me casé. En esa prolongada fase práctica -que empieza en la luna de miel y termina con el divorcio- la contraparte me calificó doble eme (“mm”), en otras palabras: “más o menos”.

Al revisar el closet descubrí que toda mi ropa es talla “m”. (Que no quiere decir “mínimo”, pero tampoco “máximo”, sino simplemente “m”)

La desgracia para nosotros los “m” se hace evidente cuando nos dejamos tentar por una promoción del “75% de descuento” en una tienda de ropa. Ingresamos a la tienda con el corazón brincando por la emoción, y la encontramos repleta de ropa de marca, de primerísima calidad… pero ¡ay! las rebajas sugieren una venta de películas porno… porque las únicas tallas a las que se les aplica el descuento son X, XX, XXX, 4X y 5X. Si estás de suerte y encuentras una talla menor, seguro que es “s”, y si pescas una “m”, lo más probable es que esa “m” indique, prenda “manchada” o para “mujer”.

En eso de las clases sociales, también uno siente el complejo de la “m” (la “mortadela” entre el sándwich). Los “ricos–ricos” no tienen problemas. Los “pobres–pobres” reciben subvenciones del gobierno. Los que de verdad sudamos la camiseta somos los de la clase “m”, es decir, los de la “mitad”, los de la clase “media–media”.

  • ¡Qué enredo! –protestó la tía Filomena- entonces ¿siempre es mejor “más” que “menos”?

  • No siempre, tía. ¿Has visto a un ratón frente a un queso suizo? El animalito reflexiona: “entre más agujeros tenga el queso, hay menos queso”.

VERBATIM

¡Alerta! Cualquier intento de responder a la siguiente pregunta podría desencadenar una guerra: “¿Amor te parece que estoy gorda?”

Por: © 2013 Armando Caicedo

www.Humor.US.com