La peor decisión que cualquier despistado, de clase media y salario mínimo puede tomar… es morirse.

  • Ahí está el caso del Pancho Pérez, un cuate que conocí en un antro, y que hace cuatro meses estiró la pata .

  • ¡Hocicón! -me regañó la tía Filomena- no se dice “estirar la pata”.

  • Pero si su adolorida novia dice: “mi Pancho está sosteniendo dos metros de tierra con el pecho y chupando gladíolo”. Son expresiones familiares, tía.

  • Mijo, lo correcto es decir: “descansó en paz”.

  • Falso, querida tía. Los bancos y las tarjetas de crédito no permiten que el Pancho descanse en paz.

Como el tipo está tieso y no ha usado su tarjeta de crédito en cuatro meses, pues lo sancionaron. Como no pagó la sanción, ni los intereses, la deuda fue enviada a cobro judicial. En dos tarjetas débito le siguen descontando -directamente de sus anémicos ahorros- los “fees” por servicio, y no hemos encontrado manera de convencer al computador, que el Pancho falleció.

  • ¿Y no se puede hacer nada?

  • En teoría “sí se puede”. Su novia intentó cancelar una cuenta por internet, pero cayó en la cuenta que lo único que el Pancho se llevó para la otra vida fue la clave de la cuenta.

  • ¿Y no hay otra salida?

  • Claro. Si el cliente no recuerda la clave debe ir personalmente al banco. Entonces intentamos exhumar el cuerpo del Pancho, pero en el cementerio nos informan que se requiere una orden judicial.

  • ¿Y explican las razones?

  • Tía, tú sabes cómo son de tercas las computadoras. En las opciones donde dice “por qué no ha pagado” y “por qué cancela la cuenta” listan todas las razones, excepto… “porque estoy muerto”.

Después de cuatro meses de intentos, por fin descendió de las alturas un supervisor. Luego de regalarnos un sermón sobre “la libre empresa”, “la economía de mercado” y “la ley de oferta y demanda”, presentó tres conclusiones: 1. El banco no puede perder ese dinero. 2. El muerto tiene que firmar un “plan de pago” que incluye “honorarios de abogados”. Y 3. “Lo lamentamos, pero el señor Pancho Pérez ya fue reportado a los tres bureaus de crédito”

  • Señor, ¿y eso es muy grave?

  • ¡Claro! Vivimos en una sociedad capitalista. Esa pobre calificación en su reporte de crédito lo puede perjudicar para conseguir trabajo.

Eso a Pancho le importa un higo. Pero al resto de los mortales ¡Sí! Porque los empleadores están utilizando el reporte de crédito para decidir sí contratan a una persona… o no.

Eso se llama: ¡DISCRIMINACIÓN LABORAL! (Así, con mayúsculas)

Durante la recesión, 7,9 millones de americanos perdimos nuestros empleos y por esa causa nos atrasamos en nuestros pagos. Si nosotros no causamos la recesión, ¿por qué nos castigan ahora condenándonos a ser desempleados de por vida?

ATENCION:

Sí la próxima semana no aparece esta columna, me huelo que el inteligente editor de nuestro periódico se dedicó a analizar -con lupa- mi reporte de crédito.

VERBATIM

“Si le debes $100 al banco ese es tu problema. Si le debes $100 millones, el problema es del banco”

J Paul Getty

© 2013 Armando Caicedo

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