Volante pegado en un poste: “Perdí a mi novia. Señales particulares: egoísta, ingrata, infiel, fría y materialista. Sí la encuentras, avísale que me alisté para luchar contra los talibanes en Afganistán”

De esa forma se rompía un noviazgo en el siglo pasado.

En esa época las relaciones entre los adolescentes eran complicadas. Para que el cretino se ganará el derecho a entrar a la casa de la novia transcurrían seis meses de intercambio de razones y papelitos con la complicidad de una vecina.

Cuando al asustado noviecito, por fin le permitían ingresar a la casa, el futuro suegro le notificaba con un gruñido: “joven, está bajo vigilancia”. Durante el siguiente año, el tipejo podía realizar dos visitas -de una hora- cada semana. Los tortolitos se contemplaba desde los extremos opuestos del sofá, bajo la mirada del padre, que fingía leer el periódico y la de la madre, que aparentaba remendar un par de medias.

Si el novio violaba cualquier regla de las visitas, resultaba expulsado de la casa sin contemplaciones, y a la chica la deportaban a un internado para señoritas, a quinientas millas de distancia.

En el caso que la violación incluyera también a la chica, el despistado novio subía al altar, para escuchar la lectura de la Epístola de San Pablo, gracias a la presión cosquillera del cañón de un revólver calibre .38 corto, encajado entre sus falsas costillas, y la orden que el padre de la novia le susurraba en la nuca: “cuando le pregunten ¿acepta? responda: sí”.

La internet, el viagra y la “píldora del día después” revolucionaron hoy las relaciones entre parejas.

En Estados Unidos hay 95.9 millones de solteros. 47% son hombres, 53% mujeres. La posibilidad que cambien de estado es bien difícil, habida cuenta que más del 50% de estos solteros confiesan que no han tenido ni una cita de amor en los últimos dos años.

El anterior dato no significa nada, porque en la internet cualquiera participa en el mercado del amor. Según las estadísticas, el 35% de los anuncios que buscan pareja los colocan personas casadas.

Para evidenciar las diferencia entre hombres y mujeres, el mayor temor de ellas es enredarse sentimentalmente -por internet- con un “asesino en serie”, mientras que el mayor temor de ellos es enredarse con una “mujer gorda”.

Claro que el viejo método de establecer una relación directa –“cuerpo a cuerpo”- sigue siendo popular entre las parejas, pero existe un alto riesgo de fracasar en el primer encuentro. A 5.000 solteros les preguntaron ¿qué los cabrea durante la primera cita? El 43% respondió el “mal aliento” de la pareja. El 17% su forma de vestir. 15% husmea la fragancia que usan. El 14% le pone atención al cuidado de la piel y el 10% esta pendiente del cuidado del cabello.

Por eso el amor por internet es maravilloso. Porque ese 43% de personas que viven cabreadas con el “mal aliento” de su nueva conquista… ni lo notan cuando ella aparece en la pantalla del computador.

VERBATIM

Que el internet haya cambiado nuestra forma de leer, comprar, aprender, votar y jugar… pase. Lo que me opongo es que intente cambiar nuestra forma de hacer el amor.

Por: © 2013 Armando Caicedo

www.Humor.US.com