Advertencia al lector: Este es un documento científico. Las conclusiones que presento son el resultado de muchos días de contemplarme ese extraño agujero ubicado en el centro de mi panza, que en el diccionario aparece como: “ombligo”.

Entiéndase como “ombligo”, el hueco ubicado en el justo medio entre el pecho y los genitales, que todos traemos -instalado de dotación- cuando arribamos a este mundo,

Mis lectores se preguntarán: ¿Este güey por qué tiene tanto interés en el ombligo?

No soy el único. Pese a que los libros de historia no lo cuentan, tengo la certeza que tipos tan brillantes como Einstein, Galileo, Aristóteles y Platón, (y otros no tanto, como W. Bush y como yo) alguna vez nos miramos al espejo y, en seguida nos preguntamos: “¿Por qué nos diseñaron con este horrible agujero en la panza?

Inicialmente pensé que reflexionar sobre “la utilidad del ombligo” solo se le puede ocurrir a personas de salario mínimo -como yo- pero hoy puedo demostrar que el ombligo ha sido inspiración para poetas, tema de leyendas, objeto de culto religioso, moda juvenil, ingreso quirúrgico -o laparoscopia- para asomarse al interior de la barriga, objeto prohibido por su simbolismo erótico, y depósito de unas extrañas criaturas peludas que se denominan “motas”.

¿Para qué sirve el ombligo?

Una vez nos despedimos de mamá, y nos asomamos curiosos a este mundo, todo transcurre en un santiamén. Nos cortan el tubo de la alimentación y un médico enmascarado (*) nos recibe en este mundo, con tanto entusiasmo, que aplaude sobre nuestras nalgas hasta hacernos berrear.

(*) Ese “médico enmascarado” no es el legendario “Santo”, héroe de la lucha libre. ¡No! Se trata del médico obstetra que ese día estaba de turno en el hospital, y que se enmascara para que en el futuro nadie lo reconozca)

Superado el alumbramiento, el ombligo sirve para lo mismo que les sirven las tetillas a los hombres… para nada.

Todos los mortales -incluido Bill Gates- portamos ese coquetón orificio… bueno, casi todos, a excepción de nuestros primeros padres.

Cuando veas un cuadro donde Adán y Eva posan para la cámara, fíjate si acomodado entre sus vergüenzas les aparece ombligo. Si lucen ombligo, seguro se trata de unos vulgares impostores, o, lo que pudiera resultar peor, el cuadro corresponde a una torcida versión del Génesis, editada por la Revista Playboy.

Para enfatizar en el carácter científico de esta columna, rindo homenaje a dos estudiosos del tema:

Al sueco Karl Kruszelnicki, quien en el año 2000 adelantó un estudio con cuatro mil personas, para determinar de dónde provienen las motas que nos brotan silvestres en el ombligo.

Y al químico austríaco George Steinhauser, quien publicó en la revista Journal of Medical Hypotheses (2009), los resultados de analizar 503 pelusas de su propio ombligo.

Concluyo con otra reflexión científica que -después de la del ombligo- es la que ahora me trasnocha:

¿Para qué sirven los políticos?

VERBATIM

“El secreto para bailar un bolero amacizado exige “full contacto”: cachete con cachete y ombligo con ombligo”

Por: © 2013 Armando Caicedo

www.Humor.US.com