El consumo de fibra puede reducir el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, a tenor de las conclusiones de unos recientes estudios realizados por investigadores de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido.

El ictus mata aproximadamente a seis millones de personas al año, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

En Estados Unidos, representa la tercera causa de muerte y la primera de discapacidad entre los adultos, refleja el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos. “Cada año, más de 700.000 estadounidenses sufren un ataque cerebral y cerca de 160.000 mueren por causas relacionadas con el mismo”, indica esta entidad.

En la actualidad, el ictus es la primera causa de discapacidad grave en el adulto, tanto física como intelectual, así como de dependencia, destaca el Observatorio del Ictus, una plataforma multidisciplinar que reúne a expertos de diferentes ámbitos relacionados con esta patología.

Por ejemplo, en España, el ictus afecta cada año a unas 130.000 personas, de las que 80.000 fallecen o quedan con alguna discapacidad, según expone el Observatorio del Ictus. Asimismo, más de 300.000 españoles presentan alguna limitación en su capacidad funcional tras haber sufrido un accidente cerebrovascular y, desde el punto de vista económico, el ictus supone entre el 7% y el 10% del gasto sanitario, añade esta organización.

“Con la palabra ictus definimos la enfermedad vascular-cerebral aguda, es decir, una alteración de la circulación cerebral de presentación brusca”, explica Jaime Gallego Culleré, coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología.

El ictus puede ser de dos tipos: isquémico o hemorrágico. “El ictus isquémico se produce porque una arteria se obstruye, queda tapada, y, por lo tanto, no hay circulación en el tejido cerebral que depende de ella”, señala el neurólogo.

Pero, a veces, puede ocurrir lo contrario. La arteria puede romperse y verter la sangre al cerebro. Esto se conoce como hemorragia cerebral.

El ictus isquémico es mucho más frecuente que el hemorrágico. Según indica el doctor Gallego, quien precisa que, entre el 80% y el 85% de todos los ictus, se produce porque una arteria se ocluye, mientras que entre el 15% y el 20% restante se debe a una hemorragia.

Para evaluar la gravedad del ictus, además del daño local, hay que tener en cuenta la función de la zona del cerebro que ha resultado afectada. En este sentido, el especialista afirma que “más del 40% de las personas que sufren un ictus quedan con secuelas más o menos graves”.

No obstante, el ictus se puede prevenir. Aunque hay algunos factores de riesgo que no se pueden modificar, como son la edad o los antecedentes familiares, hay otros que sí podemos corregir. Entre ellos están la hipertensión arterial, el tabaquismo, el aumento del colesterol o la cardiopatía, concretamente una arritmia llamada fibrilación auricular, detalla el doctor Gallego.

Asimismo, hay estilos de vida no saludables como el sedentarismo, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo que hacen que se incremente el riesgo vascular y, por lo tanto, las probabilidades de sufrir un ictus.

El doctor precisa que la dieta “también influye y, en este sentido, recomienda la dieta mediterránea, pues es variada y rica en frutas, verduras, legumbres y pescado”. Pero destaca que “los alimentos deben consumirse con poca sal y con moderación”.

De este modo, expresa que una dieta equilibrada acompañada de actividad física es una manera de prevenir la aparición del ictus.

En este sentido, un estudio reciente, publicado en “Stroke: Journal of the American Heart Association” señala, por primera vez, que la ingesta de fibra reduce el riesgo de sufrir un ictus por primera vez.

El grupo de científicos, dirigido por Diane Threapleton, de la Universidad de Leeds (Reino Unido) investigó bases de datos sobre estudios que relacionan el consumo de fibra y la incidencia del primer accidente cerebrovascular, ya sea hemorrágico o isquémico.

Los resultados que obtuvieron apuntan que cada aumento de siete gramos en la ingesta total diaria de fibra se asocia con una disminución del 7% en el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular por primera vez.

No obstante, los autores consideran necesario realizar futuros estudios para distinguir, el tipo de fibra, y para examinar por separado el riesgo de accidentes cerebrovasculares isquémicos y hemorrágicos.

Así, la Fundación Española del Corazón explica que existen dos tipos de fibra: la soluble, que se disuelve en agua, y la insoluble, que no se disuelve.

La fibra soluble está presente en manzanas, naranjas, zanahorias, brócoli y cebollas, además de en el salvado de avena, en la cebada, en las nueces, en las almendras, en las avellanas y en las legumbres.

Por su parte, la insoluble se halla en la parte externa de semillas y granos, en el salvado de trigo, en el maíz, en los cereales integrales, en las pieles de las manzanas y de las peras, en la parte blanca de los cítricos y en las legumbres.

Según indica la Fundación Española del Corazón, la fibra regula la función intestinal, mejora los niveles de glucosa y los perfiles de lípidos en la sangre y, además, produce un efecto saciante que contribuye al control del peso.

Esta organización asegura que el consumo de fibra es necesario para el correcto funcionamiento de nuestro organismo y para prevenir enfermedades, que se corrobora con el informe británico expuesto.

EFE

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