¡¡Viva Italia!!

Italia no sólo es la cuna de la pizza, también del Renacimiento Italiano. En Italia se han producido artistas de la dimensión de Da Vinci, Miguel Ángel y del gordo Pavarotti. Los italianos también inventaron el teléfono, el termómetro y la cafetera para hacer expresso, y hasta los muy vivos se han dado las mañas para sentar en la silla pontificia, a 212 de sus paisanos, para chambear como Papas.

(Para compensar tanta dicha celestial, también se inventaron la mafia siciliana, parieron al emperador Nerón y, como si eso no fuera suficiente, nos enviaron a Arizona al shérif Arpaio)

Para ponerle la cereza al pastel, acabo de enterarme que Víctor Frankenstein -el famoso personaje de la literatura y del cine de horror- nació en Nápoles, Italia. Así lo afirma su creadora, la novelista Mary Shelley, en el libro “Frankenstein”, que lanzó en 1818.

Según la novela, el doctor Frankenstein se puso a experimentar con cadáveres humanos. Cosió un órgano, aquí, con una amígdala más allá. Arrojó a la caneca alguna oreja y una glándula pituitaria que le sobró, y aseguró con tornillos y estacas la horrible cabeza que le trasplantó.

El lío es que la horripilante criatura se le escapó al doctor y en seguida empezó a asesinar a la familia Frankenstein y a sus amigos.

No sigo relatando la novela porque resulta más enredada que una telenovela venezolana. Lo cierto es que ¡Oh coincidencia! Acaba de aparecer -195 años más tarde- en este 2013, una versión “nueva” del doctor Frankenstein que, para más espanto, también es italiano.

Se trata de Sergio Canavero, un científico italiano, que trabaja en un proyecto destinado a demostrar, no sólo la posibilidad del trasplante de cerebro, sino también, del trasplante de cabeza.

Ese reto de trasplantar una cabeza a un cuerpo diferente al original, ha despertado la imaginación calenturienta de novelistas y científicos.

Claro que existen diferencias (y se notan en los acabados)

Analicemos los casos del “Hombre Nuclear “ y de “Frankenstein”. Dicen que al primero, lo operaron en un laboratorio de la Nasa. En cambio a “Frankenstein”, no hay duda que lo operaron de urgencia en un hospital para pobres del Seguro Social.

El reto científico no consiste en colocar la cabeza de un tipo “A” en el cuerpo de “B”. ¡No! (Ahí está el caso de algunos congresistas que, por más que la cabeza luzca que está bien colocada… a la hora de la verdad, nunca trabaja). El problema es lograr que la cabeza trasplantada funcione.

Dos temas son claves en este procedimiento. Primero, conectar (sin chambonadas) las prolongaciones nerviosas que salen del cerebro, con el puñadito de cables nerviosos -originales de fábrica- que tiene la medula espinal del cuerpo.

Y segundo, evitar que la cabeza rechace al nuevo cuerpo, o que el cuerpo rechace a la cabeza… porque casos se han dado…

Conozco el caso de un político muy antipático a quien lo sometieron a un trasplante de nalga. Los resultados fueron devastadores: ¡la nalga rechazó al político!

VERBATIM

Cuando Frankestein era adolescente, solía decir: “No me llamen Frankenstein… yo soy

frankens-teen”

Por: © 2013 Armando Caicedo

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