Una amiga de la tía Filomena conservó durante treinta y tres años las cenizas de su santa madrecita, entre un jarro de cristal.

Pero hoy está en shock: ¡la vieja desapareció! Ella se huele que alguna de las señoras que en los últimos 25 años le limpiaron su apartamento, arrojó las cenizas a la basura, en un “ataque de limpieza”.

Ni para qué recordar el destino de la señora Primitiva Pérez. Su nieta -que heredó sus cenizas- las colocó entre un jarrón de porcelana que fungió como adorno en un rincón de su sala.

Pero una tarde, durante un partido de fútbol que sus biznietos jugaban en la sala, el jarrón se desplomó. Para fortuna de los niños, la porcelana resistió el golpe, pero en el intento de borrar las huellas de su pilatuna, las reverenciadas cenizas de la bisabuela fueron a parar al vientre de la aspiradora.

Otra “odisea” es intentar el paso de las cenizas de un ser querido a través de la frontera. ¡Ay! En las que se vio una paisana conocida para convencer al agente de la DEA que no se trataba de “diez onzas de pasta de coca” sino de las cenizas de su padrino de bautismo.

Conozco el absurdo destino de una distinguida señora, cuyas hijas emigraron a Estados Unidos, cuarenta años atrás. Cuando la madre partió de este mundo de manera repentina, sus hijas cincuentonas coincidieron que la mejor demostración de amor era importar -por el hueco- la cenizas “de nuestra santa madrecita”. Para ello le pidieron a un amigo que viajaba a Chicago, que por favor les trajera un “paquetito”, pero le ocultaron su fúnebre contenido.

Cuando el tipo estaba a punto de embarcarse en el aeropuerto de Ciudad de México, le entró una corazonada. Partió al baño, se sentó en la taza y abrió el misterioso paquete. “¡Aguas!” Exclamó. “Este polvo es sospechoso”. Para acortar la historia, al mismo tiempo que el tipo viajaba por vía aérea, hacia el norte, la madre de sus amigas viajaba por vía acuática -a través del sistema de alcantarillado de Ciudad de México- en dirección contraria.

Por eso, antes que algún desconocido te arroje por entre el inodoro (hacia una dimensión desconocida) es mejor que uno mismo se arroje al espacio.

“Elysium Space” ofrece lanzar al espacio tus cenizas por apenas $1.990 dólares, tarifa que incluye la posibilidad de que tus deudos rastreen tu ubicación en el espacio, mediante una aplicación Android para el celular.

Pero ¡Pilas! existe el riesgo de retornar a este planeta.

Ahí esta el caso de las cenizas de 24 personas que en 1997 se lanzaron al espacio a bordo de un cohete Pegasso. Durante los siguientes cinco años, las cenizas dieron una vuelta a la Tierra cada 96 minutos, girando en una órbita elíptica a 11 kilómetros de altura. En 2002, se les acabó el combustible de su “viaje eterno” y las cenizas cayeron sobre Australia.

(Qué tristeza retornar del espacio… mareado, despistado y sin conocer a nadie en Australia)

VERBATIM

“Mi última voluntad es ser cremado. Una décima parte de mis cenizas le corresponden a mi agente artístico, tal como lo convinimos en nuestro contrato escrito”- Groucho Marx

Por: © 2013 Armando Caicedo

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