¿Que tanto leemos?

A decir verdad, no veo que la gente se entusiasme por la lectura de novelas, ensayos o biografías.

Si alguna vez nos aventuramos a abrir un libro de poesía, seguro que antes de la página quinta ya estamos bostezan- do por la debilidad cerebral que el romanticismo nos provoca.

Si se trata de un libro sobre filosofía, con solo abrir la portada sentimos la misma sensación agónica de modorra que asalta a cualquier crió cuando está prendido al pecho de su madre.

Y si el libro es de matemáticas,
corremos el peligro de sufrir un trauma psicológico que nos obligará a tomar “prozac” por años, hasta recuperar el control de nuestras emociones.

Al observar a mi familia puedo asegurar que la única lectura que a todos nos apasiona es la lectura de los “manuales de instrucciones”. Cada vez que algún pariente compra un celular, el manual de instrucciones será su lectura favorita, incluso, cuando se sienta durante horas en el inodoro.

La hija de mi primo Filarmonio, que ya está emplumando sus quince años, vive deprimida por el brote de acné, que le causan sus cambios hormonales. La crema antiacné que compró trae un manual de instrucciones con más páginas que el manual que publicó la NASA para colocar un hombre en la Luna-. En las primeras 56 páginas explica “Cómo sacarse una espinilla”.

No quiero entrar en detalles sobre el manual de instrucciones que viene ahora con el popular “kit de preservativos para la semana” . Un pariente que dice ser “crítico literario” alega que tiene demasiadas páginas. Pero después de leerlo uno cae en cuenta, que es largo pero completo, porque explica paso a paso, y con dibujitos desde cómo ponérselo, hasta cómo quitárselo, ¡ah! y en siete lenguas diferentes.

El manual que más se vende se titula: “Manual de instrucciones para sobrevivir el matrimonio”. Como una cosa es padecer el matrimonio, desde el punto de vista de los abnegados maridos, y otra, muy distinta, desde el punto de vista del disfrute de las señoras, pues las instrucciones vienen independientes. Un manual para él y otro diferente para ella.

A manera de ejemplo, el “manual de instrucciones para las mujeres” recomienda: “Al recibir el producto (léase “al hombre”) examine sus defectos de fábrica y deje constancia por escrito. (Mi marido ronca, se le olvidan las fechas de aniversario, no resiste mirar a la rubia del vecindario, y a la hora de la intimidad me llama por otro nombre) Pese a que a estas alturas ya no hay devoluciones, esas anotaciones podrían servir en el futuro, para un juicio de divorcio”.

El“ manual de instrucciones para los hombres” es más práctico: “La mujer siempre tiene la razón, en especial cuando no la tiene”.

El manual más breve, reposa sobre el escritorio de cuatro dirigentes mundiales. Se titula “Manual de instrucciones sobre cómo destruir el planeta con una guerra nuclear”. Sólo tiene una página donde no hay mucho que leer, porque la explicación se reduce a un simple dibujo: “cómo presionar el botón rojo”.

VERBATIM

La Tierra es una suerte de nave espacial que no viene con “manual de instrucciones sobre cómo operarla”- R. Buckminster Fuller

Por: © 2013 Armando Caicedo

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