La moda está en el cielo, en la calle, tiene que ver con las ideas, con nuestro modo de vida, con lo que está pasando…lo predicaba Coco Chanel y lo ha exaltado, en forma de patronaje, la pasarela de la Semana de la Moda de Nueva York.

Las tendencias siguen su curso en Nueva York, todas tienen fieles huestes, no todas son punibles, algunas resultan apologéticas y muy pocas remueven conciencias.

El mensaje más directo llegó de la mano de la argentina Daniela Sartori quien encontró su creatividad en el sari y las 112 costureras que fallecieron en enero de este año en un incendio en una fábrica en Bangladesh.

La creadora se presentó en grupo como Marca País, junto a otros diseñadores elegidos por su creatividad, progreso de sus carreras y habilidad comercial.

Y así Argentina presentó una moda ecléctica que iba desde tejidos artesanales, piezas de influencia oriental, inspiradas en el sari de Bangladesh hasta elegantes vestidos cortos y largos.

Romina Reinoso con su marca Tenaz optó por piezas que acentúan la cintura, confeccionadas en seda y algodón, con cortes asimétricos, inspirada en el movimiento de afroamericanos de los años 60.

Mariana Dappiano se destacó por piezas livianas con influencia oriental y confeccionadas en brillantes estampados en vestidos largos que mostraban los hombros y evocaban quimonos.

Viviana Uchitel destacó por vestidos de seda largos y cortos de cuello uve en gris y crema inspirada en la obra del pintor Mark Rothko, mientras el colombiano Mario Hernández plasmó la más reciente obra del pintor Nelson Vianey en una nueva colección de bolsos casuales para mujer confeccionados en cuero y material sintético caracterizados por el uso del color, aplicado también a carteras y zapatos para hombres.

Latinoamérica, arte y vida.

El «art deco» en la arquitectura de ciudades como Lima, Buenos Aires y La Habana inspiró la colección del peruano Sergio Dávila con una mayoría de piezas para hombre confeccionadas con fibras naturales de algodón, algodón orgánico y lino.

Pantalones largos para hombres en blanco hueso y negro, así como cortos -tipo cargo- en azul, caqui y verde e incluso propuso vestirle esta temporada con leggins Jacquard con impresos de alcachofa o de espárragos, productos que produce y exporta su país.

Dávila complementó esas piezas con camisas de cuadros, de líneas, o guayaberas más cortas así como chaquetas de lino o algodón sin forro y con costuras francesas.

Las tendencias siguen su curso en Nueva York, todas tienen fieles huestes, no todas son punibles y solo algunas resultan apologéticas.

En ese último adjetivo se ha hecho un hueco la moda española que se ha estrenado en la Gran Manzana con Pedro del Hierro y Desigual, que se suman a Delpozo, que debutó la temporada anterior y a Custo que pasea veteranía desde 1996.

Sin romper su tradición de ropa punible y divertida, Desigual presentó una colección sexy, fiel a sus gráficos que rezumaba sol y mar con pamelas, vestidos de cóctel, gafas de sol, faldas que casi eran pareos y tejidos frescos. Mucho algodón, pero también sedas vaporosas en una apuesta m·s playera que floral.

Ese espíritu «happy» reinó también en la pasarela de Custo quien dio un giro hacia el «patchwork», abandonó la estampación y apostó por el nacarado y el brillante en un viaje hacia lo tribal, al exotismo indígena que tiene sus fuertes en los abrigos, los vestidos cortos y las camisetas.

Y bordeando el Mediterráneo, Carmen March, diseñadora de Pedro del Hierro, sugirió para la próxima primavera-verano envolventes pantalones, blusones y chaquetas en lino, lana fría o ante. Con Mariano Fortuny como referente, se adentró en un mundo sensual de tejidos y patronaje.

Hechuras prodigiosas y sublimación artística de alta costura fueron las creaciones de Josep Font para Delpozo, quien, inspirado en un cuadro de Jean-Baptiste-Camille-Corot, «Gitana con pandereta», ideó una colección para un periodo estival propio de un cuento de hadas con faldas de rafia, transparencias y flores esparcidas sobre la silueta.

Combinaciones de crudos y malvas que contrastan con estampados florales flúor y juegan con lanas frías en un juego de volúmenes imposibles y miriñaques.

LOS NOVENTA DE CARNE Y HUESO.

Como si fueran los noventa, Época culmen para el auge de las top models, y sin tener nada que envidiar a sus posibles sucesoras, la británica Naomi Campbell desfiló a sus 43 años prendas de una colección fogosa y llena de motivos tribales.

La pantera negra, con larguísima melena y un espectacular vestido corto en negro y oro con motivos geométricos y música de Daft Punk de fondo, paró la respiración de los asistentes paseando una colección plagada de dorados y clásicos escotes de la diseñadora belga Diane Von Fustenberg.

CAROLINA HERRERA, UN PUNTO Y APARTE

La diseñadora venezolana Carolina Herrera, con la seguridad de ser ya una leyenda viviente, mostró una colección de primavera-verano para 2014 con juegos de cinética y líneas que parecen bailar entre sí.

No jugó con grandes volúmenes ni patronajes especialmente llamativos, sino con la ilusión óptica de una tela moviéndose sobre la anterior, de una viscosa dinámica que alumbraba una mujer de sensualidad estilizada y una pedrería que provoca una suerte de espectáculo de sombras chinescas sobre los cuerpos de las modelos.

Rasos, gasas, organzas de seda y algodones. Pamelas y biquinis, pero también vestidos de noche como salidos de una novela decimonónica, coronados en un cabello estrictamente recogido.

Sus tonos para la próxima temporada rezuman sofisticación y alta sociedad. TÈ verde, carmesí y la escala de marrones desde el ocre hasta el siena.

Nada más alejado de lo vitriólico y más cercano a la excelencia.

EFE

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