Los baños de sol a la orilla del mar, las tardes en la piscina y los largos paseos al aire libre, además de buenos recuerdos, dejan huella en nuestra piel, ya que una prolongada exposición solar sin las medidas de protección adecuadas puede traer consecuencias indeseadas. Ejemplo de ello son las temidas manchas faciales.

El sol nos produce sensación de bienestar, incrementa los niveles de vitalidad, estimula los procesos circulatorios y metabólicos y propicia la formación de vitamina D, señala la Organización Farmacéutica Colegial de España.

Para conseguir todo esto “sólo se necesita una pequeña dosis de luz solar. En cambio, cuando la exposición a la radiación solar es excesiva comienzan los problemas para nuestro organismo”, subraya esta entidad.

De acuerdo con las estadísticas publicadas por la Asociación Británica de Dermatólogos, el 92% de las personas dice que se ha quemado al menos una vez y casi un tercio recuerda haberse quemado en más de diez ocasiones.

En este sentido, los dermatólogos insisten en la necesidad de protegerse del sol, ya que la exposición excesiva y continuada puede traer consecuencias negativas para la piel.

Según explica Carmen Carranza Romero, dermatóloga del Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), en la radiación solar podemos distinguir entre la luz visible, radiación infrarroja y radiación ultravioleta.

HISTORIA DE LARGA EXPOSICIÓN AL SOL

Los rayos infrarrojos causan “deshidratación, insolación y golpe de calor; la luz visible es responsable del envejecimiento cutáneo y las radiaciones ultravioleta lo son del cáncer cutáneo, del fotoenvejecimiento y de las manchas en la piel”, precisa. Asimismo, la dermatóloga afirma que, en muchas ocasiones, las manchas están relacionadas “con una historia de larga exposición solar”.

La especialista hace hincapié en tres tipos de manchas: el lentigo senil, el melasma y el melanoma. El lentigo senil o actínico es una respuesta de la piel a la radiación ultravioleta.

“Afecta a zonas fotoexpuestas como son la cara, el cuello, el escote y los brazos. Estas lesiones aparecen en personas de raza blanca, por lo general a partir de los sesenta años, y están relacionadas con una larga trayectoria de exposición solar y quemaduras intermitentes”, describe.

Además, la doctora advierte de que una vez que aparecen las manchas estas van a persistir aunque cese la exposición solar.

Por su parte, el melasma es un problema cutáneo común, indica la Academia Americana de Dermatología. “Causa manchas marrones y de color Marrón grisáceo.

La mayoría de la gente las tiene en las mejillas, en el puente de la nariz, en la frente, en la barbilla y sobre el labio superior, pero también pueden aparecer en otras partes del cuerpo que hayan recibido mucho sol como los antebrazos y el cuello”, detalla.

EL MELASMA, A PARTIR DE LOS VEINTE

El melasma tiene un marcado predominio en mujeres a partir de los veinte años, precisa la doctora Carranza. “Está relacionado con el embarazo o la toma de anticonceptivos, aunque a día de hoy su causa no está clara”, manifiesta.

“Estas manchas pueden durar años y su pigmentación se incrementa durante los meses de verano debido a la exposición solar. Son lesiones benignas y su tratamiento se hace por razones estéticas”, aclara.

Algo muy distinto ocurre con el melanoma, que representa la forma más grave de cáncer de piel. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estima que en 2013 se han producido en ese país unos 76.690 nuevos casos de melanoma y alrededor de 9.480 personas han muerto debido a esta enfermedad.

“El melanoma aparece como una mancha de distintos tonos que varían del marrón claro al negro. Tiene los bordes irregulares, mal definidos y presenta una cierta asimetría”, describe la doctora Carranza y explica que puede surgir de un lunar previo o aparecer de modo súbito.

En este sentido, la especialista destaca que hay que consultar con el dermatólogo ante cualquier cambio de color, tamaño o simetría de un lunar, puesto que el melanoma es el cáncer de piel más agresivo y su tratamiento a tiempo resulta fundamental.

GAFAS, SOMBRERO Y FOTOPROTECTORES

La prevención es la mejor manera de evitar las manchas en la piel y otros efectos perniciosos del sol.

“El uso diario de fotoprotectores, sombrero, gafas de sol y no exponerse a la radiación solar durante las horas centrales del día (entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde) son las medidas más importantes”, subraya la doctora Carranza.

La especialista expresa que los fotoprotectores previenen la quemadura solar y el fotoenvejecimiento, además de reducir el riesgo de cáncer cutáneo y disminuir la aparición de alergias solares.

“Las guías recomiendan la utilización de un factor de protección mayor que treinta durante los meses de verano en cantidad suficiente para cubrir la superficie cutánea. Además, hay que renovarlo cada dos o tres horas”, destaca.

Una vez que ha aparecido una mancha en la piel, es importante seguir utilizando un fotoprotector. “También se puede recurrir al uso de fórmulas despigmentantes”, señala la dermatóloga.

Entre ellas están los “peelings” químicos, que son “tratamientos dermo-cosméticos en los que se busca eliminar total o parcialmente las capas más externas de la piel para provocar su regeneración con el propósito de eliminar las lesiones superficiales como cicatrices, manchas, etc”.

Otra opción son los productos queratolíticos, que reducen el espesor de la capa córnea de la piel, como los alfa-hidroxi·cidos(entre los que se encuentran el ácido glicérico y el ácido salicílico) o los retinoides. “Usarlos a diario por la noche es una alternativa segura y eficaz”, indica la experta.

“Para combatir las manchas también se puede recurrir al láser, aunque habrá que utilizar un láser u otro en función del tipo de manchas”, matiza la especialista. Asimismo, recomienda llevar una vida sana y una dieta equilibrada que incluya frutas y verduras.

Respecto a la eficacia de los tratamientos en las distintas clases de manchas, la doctora sostiene que las de tipo lentigo suelen tener un tratamiento sencillo, mientras que el del melasma es más complejo y las manchas pueden reaparecer.

“En el melasma, el tratamiento tiene que ser continuado a lo largo del año. Los pacientes pueden llegar a presentar un blanqueamiento de las lesiones, pero es necesario tener presente que pueden volver a pigmentarse con la exposición solar”, advierte.

Del mismo modo, explica que el diagnóstico del melasma es muy sencillo pero su eliminación puede resultar compleja y a menudo requiere tratamientos combinados.

La dermatóloga destaca que estos tratamientos deben ser realizados por especialistas cualificados y de confianza, ya que no vale cualquier láser o “peeling” en este tipo de patologías.

EFE

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