¡Ay los jóvenes! Cuando se les mete una idea en la cabezota resultan más tercos y enredados que nuestros congresistas en Washington.

Mi sobrino Ananías, que ya está en su último año de secundaria, nos acaba de comunicar que será político.

  • ¿Político? ¿Político? -repitió la tía Filomena, al tiempo que golpeaba las baterías de su audífono contra la mesa- Es que no escuché bien, ¿dijiste político?

  • Claro que sí, tía, político -respondió el cretino con una sonrisa irreverente.

La tía volteó sus pupilas y, a punto de un soponcio, exclamó: “¡me muero!”

El tío Epaminondas intentó convencer al rebelde.

  • Reflexiona hijo. Un político está hoy más desprestigiado que un vendedor de implantes de senos usados.

  • Pero es que ustedes no me entienden.

  • Por fin dice algo lógico este cretino. Tienes toda la razón: ¡nadie entiende a los políticos!

La tía Filomena, una vez recuperada del vahído, volvió a la carga.

  • Pare la oreja, jovencito Ananías: Te apoyamos en cualquier otra decisión. Si quieres, te averiguamos por un antro donde ofrezcan cursos para “bailarín de tubo”. Incluso te pagamos -a las carreras- una carrera para que seas corredor en Nascar, o corredor en la bolsa de valores. Estudia lo que te apasione, mijo, sexador de pollos, catador de vinos, inseminador artificial, cobrador de impuestos… pero, por favor, no caigas en la tentación de ser político. Mijo, la imagen pública de un político está resumida en el corrido del “Juan Charrasqueado”: “sólo su madre lo recuerda con cariño”

  • Pero tía, yo siento que puedo representar al pueblo americano.

  • ¡Ay! Ananías -le reclamé- no nos vengas a descrestar con esa película. Mejor cuéntanos “una de vaqueros”. Cuando dices “pueblo americano”, no me salen las cuentas. Yo ajusto ocho días tratando de entender… quién representa a quién.

Para empezar, el 90% de los norteamericanos confiesan encontrarse hasta las anginas con su clase política. De cada 10 norteamericanos, 9 no quieren ver a los políticos en Washington ni en foto… y, como efecto, me huelo que estos nueve tampoco sienten que los políticos en Washington los representen.

Jamás antes en la historia de Estados Unidos, la clase política logró tan alto nivel de desprestigio. Si apenas un 10% del pueblo americano aprueba su trabajo, ellos deben reconocer que “perdieron el año”.

Por eso, cuando el gobierno ordena que todos los empleados federales “no esenciales” deben irse para sus casas, sin recibir sueldo, los primeros en empacar sus maletas deberían ser los 586 congresistas, porque no cumplieron con su tarea de “representar los verdaderos intereses del pueblo americano”.

  • Pero tía, escúchame, yo quiero ser congresista, pero del “partido del té”,

  • ¡Ah! Mijo, esa sí es otra historia. Me lo has debido explicar desde el principio. Ananías: cuenta con todo “nuestro” apoyo.

  • ¿Dijiste “nuestro”? – le reclamé a la tía.

  • Si, dije “nuestro” porque yo soy la única que aquí representa –de manera legítima-los sentimientos y la ideología de esta familia de despistados.

VERBATIM

“La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros.”

Por: © 2013 Armando Caicedo

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