Hace dos semanas recibí esta tierna carta:

“Tengo seis años y obtuve buenas calificaciones en la escuela. Por esa razón, este año le pedí a Santa Claus la última versión del Xbox 360. Pero mi mamá, que sigue desempleada, me jura que Santa aún no se recupera de la “gran recesión” por lo que en esta Navidad debo esperar otra de esas “barbies” baratas que fabrican en China. Eso me tiene cabreada. Señor periodista resuélvame esta duda: ¿Santa Claus existe?. (Firma) Hortensia Primavera Pérez”.

Ante responsabilidad tan cuadriculada, traté de deshacerme de la carta, pero cada vez que la dejé abandonada en el escritorio de algún colega del periódico, me la regresaron con la nota: “que la responda Caicedo”.

Por culpa de Hortensia me encuentro sumido en tremenda confusión.

Si le digo a la niña “que sí, que Santa existe” y, un par de años más tarde se da cuenta de lo contrario, pongo en duda la confianza que tienen los niños en nosotros, los periodistas de investigación.

¿Y si le digo que “eso del Santa Claus no es más que mentiroso pretexto para vender mercancía en la época de Navidad”, podría causarle a la pequeña Hortensia serios trastornos de conducta y personalidad. Odiaría a su madre por no haberle contado la verdad. Y yo no podría dormir imaginándome su cara triste, su pérdida de apetito por el desengaño y el impacto negativo sobre su rendimiento en la escuela.

En un acto de responsabilidad decidí asesorarme. Pero todos mis parientes y conocidos a los que consulté sonrieron y no me prestaron atención. A punto de declararme derrotado, recordé que mi maestro de periodismo investigativo insistía en la universidad: “Cretinos, hablen directamente con la fuente”.

Vieran en las que me vi para conseguir la dirección de la casa de Santa Claus:

Míster Santa Claus

Lapland – Círculo Ártico

96930 Círculo Ártico

Finlandia

Como nadie me suministró su e-mail, decidí viajar a Finlandia para entrevistarlo en su propia casa. Pero ninguna de las agencia de viajes a las que llamé tenía planes para pasar vacaciones -en pleno invierno- a la altura de la Línea del Círculo Ártico, en la soledad del norte de Finlandia, donde está situado Lapland.

“Querida Hortensia:

Los tipos de la administración del periódico no autorizaron presupuesto para mi viaje a Finlandia. (Qué cretinos). Lo único que se me ocurre es que tu madre te lleve al “SantaCon”, ese evento multitudinario que reúne todos los años –durante una noche loca- a miles de “Santa Claus”, en 312 ciudades de 42 países. Claro que los “Santas” se emborrachan, pelean y provocan unos escándalos vergonzosos, pero lo hacen con el pretexto de “disfrutar del espíritu de la Navidad”.

“Estimado periodista”:

Como usted puso a circular mi carta por todo el periódico, los empleados se interesaron en mi caso, organizaron una colecta y me enviaron –en nombre de Santa- la última versión del Xbox 360. ¡Esta es la mejor prueba que Santa… sí existe… ¡Ah! y que el cretino es usted”.

(fin)

VERBATIM

“En los barrios pobres no creen en Santa Claus. Ningún tipo gordo y blanco se atrevería a caminar por sus calles tan mal iluminadas”

Por: © 2013 Armando Caicedo

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