ACLARACION #1:

Antes que algún grupo de “supremacistas blancos” le envíe una carta de protesta al malgeniado e inteligente editor de esta publicación, reclamando que el título de la columna es ofensivo y exigiéndole que me cuelguen (sin aclarar, si del pescuezo o de mis partes nobles, o en el peor de los casos… de “todas las anteriores”), debo aclarar que lo de “perros racistas” no se refiere a ellos.

Lo que esta columna intenta es informar sobre la generosa “amnistía” que las más encumbradas autoridades caninas le han concedido a los modestos perros mestizos.

¡Sí! Amnistía.

Cada año, durante los 138 anteriores, el exclusivo Westminster Kennel Club, de Nueva York -fundado en 1877- organiza la exposición canina más importante del mundo. Por tradición, sólo se invita a perros “legales”, es decir a “perros con documentos” que certifiquen su “pedigree”.

Los “perros mestizos” siempre fueron excluidos.

(Entiéndase por mestizos, aquellos perros “indocumentados”, fuertes, ágiles e inteligentes, de raza indefinida, no muy puros, hijos de algún perro vagabundo y de alguna perra de “tres en conducta”, portadora de una mirada enamorada).

Cada año, durante la famosa Exposición del Westminster Kennel Club, uno puede apreciar el desfile de esos perros aristócratas, que se desplazan por la alfombra roja con un trotecito amanerado, como de gay entre un closet, luciendo complicados peinados que envidiaría la Lady Gaga.

Unas damas gordas –que portan cara de agente de aduanas- presentan los canes ante los jueces. Allí los pobres gozques son sometidos a una inspección vergonzosa -muy parecida a la que los agentes del TSA nos practican a los humillados viajeros en cualquier aeropuerto del país-. (La única diferencia entre las dos inspecciones es que en el show canino, a los machos les pulsan los testículos, y en el aeropuerto, no).

Pues bien, el aristocrático Westminster Kennel Club, en un ataque de generoso populismo, rompió sus 138 años de exclusividad y para el show de este 2014 abrió sus puertas a los perros mestizos.

¡Guauu! (exclamarán -en coro- todos los perros).

Se reconoce así, la existencia de esos perros trabajadores, que ayudan en el campo a pastorear las ovejas, cuidan las casas, guían a los invidentes, les ayudan a los policías en sus riesgosas misiones y lo acompañan a uno con esa fidelidad, sin condiciones, que demuestran los perros recogidos.

Pero, tal como ocurrió durante la época de la segregación racial en Estados Unidos, con las “leyes de Jim Crow” (que separaban los servicios públicos entre “exclusivos para blancos” y “sólo para negros”, bajo el lema: “iguales, pero separados”) aquí también se establecen diferencias: los perros mestizos no desfilarán, ni concursarán, con los perros de razas puras.

Los perros de raza pura –“con papeles”- desfilarán en el Madison Square Garden.

Los perros indocumentados -“sin papeles”- demostrarán su inteligencia, habilidad y agilidad en una pista instalada en el “Muelle 94 de Manhattan”.

ACLARACION #2:

¡Perdón! Cualquier parecido entre esta amnistía a los perros mestizos y la tan aplazada Reforma Migratoria, es una desgraciada coincidencia.

(fin)

VERBATIM

“Yo soy mitad irlandesa, mitad holandesa, y nací en Bélgica. Si yo fuera un perro, mi vida sería ¡un infierno!” – Audrey Hepburn

Armando Caicedo

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