Qué partida de ignorantes los que vinculan a mi carnal Alí Babá, como jefe de una banda de 40 ladrones.

Si esos cretinos, se tomaran el tiempo para leer la verdadera historia de Alí Babá, no lo juzgarían como vulgar ladrón, sino que lo estarían honrando por sus calidades humanas.

Alí Babá vivía con su mujer en un pueblo infeliz de Persia. Era leñador y su único patrimonio era un burro, que le servía para trasladar la leña hasta la ciudad. Aunque chambeaba de sol a sol -como cualquier indocumentado- ganaba menos. Una tarde que trabajaba en el bosque, escuchó el arribo de hombres a caballo. Temeroso que se tratara de ladrones, se trepó a un árbol. ¡Bingo! Eran asaltantes de caminos y venían cargados con sus botines. El jefe se paró frente a una roca y gritó “Ábrete Sésamo”. ¡Coños! La roca se abrió y Alí Babá contó -uno a uno- a los 40 ladrones que entraron a la cueva. En seguida escuchó “Ciérrate Sésamo” y la roca se cerró. Tan pronto los pillos se largaron, el leñador descendió del árbol y ensayó la fórmula. Al grito de “Ábrete Sésamo” pudo ingresar a la cueva donde quedó maravillado ante los tesoros que estos ladrones venían acumulando durante muchos años.

Para no fatigar a mis tres lectores, los ladrones se cabrearon con Alí Babá, y decidieron matarlo. Pero quienes al final resultaron muertos fueron los 40 asaltantes.

¿Por qué razón, Alí Babá se gana la reputación de ladrón?

Respuesta: siempre juzgamos a nuestros semejantes, obedeciendo a prejuicios y aberrantes analogías.

Para comprender esto de los “prejuicios” veamos el caso de mi compadre Estanislao.

La familia de Estanislao ya vivía en Arizona, cien años antes que el primer “cara pálida” inglés, llegara a territorio de lo que hoy es Estados Unidos.

Su familia no cruzó la frontera. El expansionismo norteamericano (que en la mitad del siglo 19 se quedó con la mitad del territorio de México) obró el milagro: la frontera cruzó a su familia. Desde entonces, sus tatarabuelos resultaron “ciudadanos americanos”, pero de “tercera clase”.

Hoy el Estanislao exhibe –como es natural- rasgos mexicanos y tono de piel “café con leche”. Y, tal como ocurrió con Alí Babá, le fueron encadenando indecentes analogías)

Por su piel “café con leche”, el Estanislao es “hispano”.

“Hispano” es sinónimo de “trabajador inmigrante”.

“Trabajador inmigrante” equivale a “indocumentado”.

“Indocumentado” es igual a “Ilegal”.

“Ilegal” se entiende como “deportable”.

Y los “deportables” son la materia prima que devoran los tres sistemas de cárceles privadas, negocio que les permite a unos miserables inversionistas, obtener ganancias por cientos de millones de dólares, cada año.

Así -poco a poco- en una vergonzosa cadena de falsas analogías, los buenos se vuelven malos y los corruptos… honestos.

Alí Babá, aunque honesto, lo percibimos como “ladrón”.

Todo ciudadano que porte piel “café con leche” es percibido como “ilegal”.

Y los accionistas de las cárceles privadas (traficantes que se lucran del dolor de otros seres humanos y de familias divididas) la sociedad los considera: “respetables inversionistas”.

(fin)

VERBATIM

“Hay dos cosas que odio: el racismo y la familia de hispanos que vive a la vuelta de mi casa”

Frase de un racista anónimo

Por: © 2014 Armando Caicedo

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