La muerte hace pocos días en Nueva York de Philip Seymour Hoffman, uno de los mejores actores de la industria del cine, además de ocasionarnos una gran tristeza debe abrirnos los ojos sobre lo que está pasando ahí afuera con el uso de ciertas sustancias.

Aunque inicialmente se informó que el actor habría muerto por causa de una sobredosis de heroína, investigaciones posteriores revelaron que el actor había, hace mucho, superado la adicción a esa substancia y que, en cambio, no pudo salir de su dependencia a los llamados “painkillers” o analgésicos.

Aunque en este caso no se ha dado la última palabra expertos e investigadores coinciden en afirmar que es un llamado de atención que no podemos pasar desapercibido.

Los analgésicos pueden ser tan adictivos como la heroína y es bien sabido que esta sustancia es una de las más adictivas y más nefastas para aquellos que tienen la mala fortuna de caer en sus redes.

El asunto es que las medicinas recetadas que contienen opiáceos están generalmente y con demasiada frecuencia en manos de aquel que, simplemente, quiera usarlas.

La que los doctores llaman “heroin lite”, que podría traducirse como “heroína suave” está haciendo más daño del que sospechamos. Esta heroína es la que se encuentra en los llamados opiáceos prescritos.

Expertos en adicción citados en un reciente artículo del New York Times señalan que el uso de medicaciones como el Vicodin, el OxyContin y Oxycodona –todos opiáceos como la heroína- han alterado el panorama de las adicciones y las recaídas tanto en adictos rehabilitados como en usuarios comunes.

“El usuario de la vieja escuela. Antes de los años 90, usaba mayormente solo heroína”, dijo Stephen E. Lankenau, un sociólogo de la Universidad de Drexler que se ha dedicado a investigar adictos jóvenes. Hoy, explica, los adictos van y vienen entre las medicinas, regresan a la heroína cuando está disponible y de ahí van de regreso a las pastillas.

Las cifras de abuso de opiáceos recetados ha aumentado en la última década; el número de personas que reportan haber usado heroína en los últimos doce meses se ha doblado desde 2007, llegando a 620,000 personas, de acuerdo con estadísticas oficiales.

El asunto no es coincidencial, si se tiene en cuenta que de acuerdo a los investigadores, los llamados analgésicos están a la mano de todo el mundo.

Es claro que las medicinas son imprescindibles para muchos pacientes en este país y en el mundo, pero también es claro que aquellos que se hacen adictos a ellas, pueden pagar, incluso con la muerte su adicción.

De acuerdo con los expertos, son muchos los que inician la adicción a los analgésicos a partir de una prescripción médica y cuando menos lo esperan están adquiriendo las medicinas ilícitamente y han perdido el control sobre ellas.

Así que lo que queda claro es que debemos calcular muy bien nuestra ingesta de medicamentos, no exceder su consumo, seguir las instrucciones médicas y cuidarnos muy bien de empezar a depender de ellos.