¿Estás pasando por la primera etapa de paternidad cuando tu niño tiene entre uno y cuatro años de edad, experimentando incidentes de comportamiento y momentos amargos? ¿Te sientes cansada física y emocionalmente? ¿Necesitas guía y ayuda para pasar las crisis inherentes a esta etapa de la vida cuando tienes niños pequeñitos? ¿Te interesa saber cómo mantenerte conectada a tus peques? ¿Te gustaría una guía clara y simple para navegar los obstáculos de criar niños con facilidad y alegría? Si contestaste que “sí” a cualquiera de estas preguntas, este artículo es para ti.

Acerca de la primera infancia

Aunque cada persona y ser humana es única, existen ciertas cualidades y patrones de comportamiento que son comunes a cada etapa de la vida. Por lo cual es necesario explorar lo que sea típico, normal e importante en esta fase específica de la vida (la primera infancia) luego de que tu niño haya nacido y antes de la niñez. Esto incluye distinguir viejos paradigmas de nuevos paradigmas entre ellos viejas creencias, educación, y estatus sociales, y obviamente hacer la distinción clara que en esta etapa del primer al cuarto año de vida de tu niño observarás, explorarás, compartirás la primera explosión de su desarrollo como personita. Lo importante es distinguir la diferencia y crecer junto con tu niño, navegar los cambios juntos.

Explorando el desarrollo del cerebro

¿Sabías que el cerebro de tu bebé se comienza a desarrollar a las tres semanas de embarazo? ¿Y que durante la primera infancia el desarrollo sensorial, lenguaje, y la función cognitiva superior? Durante los primeros años de vida es cuando el cerebro de los niños se desarrollan de manera potencial y milagrosa. Por eso es clave que tomes conciencia de los cambios que observarás y experimentarás durante los cuatro primeros años de vida de tu niño.

Poniendo límites claros

En esta etapa del crecimiento, cuando tu niño te sorprenderá cada día con nuevos sonidos, movimientos, gestos y formas de explorar el mundo y la vida, es donde debes comenzar a crear límites sanos con claridad, ternura, y a la vez con firmeza, de maneras que apoyen su salud y sano desarrollo.

Haciendo frente a los comportamientos injustificados

Patear, gritar, escupir, tener ataquecitos de nervios, demostraciones públicas de caprichos…son todos componentes de la primera infancia. Algunos pueden surgir con razón, otros puede que no. Lo importante es que logres ver más allá de lo que suceda para atender la situación y hallarle solución. Pero como todo (y este punto está íntimamente relacionado con el anterior) requiere de un balance y “límite sano y claro” para que no se te vaya de las manos cuando sea demasiado tarde, y para que la paternidad no se torne en algo estresante sino en algo que disfrutes cada capítulo que ésta te presente.

Practicando cuidado impecable

El cuidado de tu niño es tan importante como tu propio cuidado. Tu estado emocional y energético afectará y le dará el tono al resto de la familia empezando por tu niño. Por lo cual es clave que canalices tomándote tiempo para ti de la mejor manera que puedas aunque sean cinco minutos que sean sólo tuyos.

Fomentando la empatía

La empatía es una herramienta increíblememte poderosa con gran fuerza estabilizadora. Crea conexión y oportunidades amplias para que refuerzes los lazos con tu niño de una manera emocional segura y estable.

Navegando las tormentas

Muchos padres preguntan si es normal que su hijo patalee, se encapriche y tenga rabietas. La respuesta es sí, es completamente normal cuando lo relacionas y enlazas con los puntos anteriores del desarrollo del cerebro, la empatía, el desarrollo temprano y poniendo límites sanos. Verás que es parte necesaria, casi como respuesta saludable al desarollo y crecimiento.

El camino a seguir

Ahora que tienes una idea más clara de lo que pasa por esas pequeñas cabecitas y cuerpecitos, tienes el poder de integrar todo a tu favor con ideas, herramientas e inspiración para seguir adelante con seguridad, calma y convicción.

Recuerda que la primera infancia no dura para siempre y se pasa volando

Con lo desafiante que la primera infancia pueda ser, recuerda que no dura para siempre y que se pasa rapidísimo. Concéntrate en los cambios permanentes que verás en tu niño, experiméntalos con él, sé su guía y fuerte, pero también su alma gemela. Verás que cada etapa de crecimiento te traerá no sólo más sabiduría, entendimiento y a la vez te llenará el alma de dulzura y paz. ¡Disfrútalo todo!

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