Corto, romántico, femenino, con flores y adornado con coquetos volantes, así es el vestido más deseado de la temporada. Una vez revisadas las colecciones de Alberta Ferreti, Carven, Elie Saab o Dries Van Noten se descubre el verdadero romance que existe entre el vestido corto y los estampados florales.

Prints que van desde de las flores “liberty” hasta unos bruñidos ramilletes campestres o unas pomposas rosas, pasando por unas sutiles amapolas, unos esbeltos tulipanes o unos coquetos narcisos que se entremezclan con violetas. Todos los estampados hablan el mismo lenguaje primaveral: romanticismo, luz y color.

Esta versátil prenda, que tanto favorece a la mujer y que permite lucir calzado plano o de tacón, se declina hasta conseguir varios registros con versátiles patrones y luminosos estampados.

Asimétricos y Camiseros

Las diferentes etnias y las tribus son fuente de inspiración para confeccionar vestidos colmados de fuerza y color, diseños que potencian la personalidad.

Estampados potentes, atrevidos bordados, ornamentación rica y muchos abalorios son el denominador común de esta moda que llega de la mano de Valentino, Givenchy y Custo Barcelona.

La sensualidad también se impone en los vestidos gracias a los patrones griegos y romanos que abanderan los vestidos con el hombro al descubierto. Este encanto asimétrico permite vestidos con una o dos mangas o ninguna.

Más sencillos resultan los vestidos camiseros, un propuesta fresca y joven que esta temporada se presenta en clave “lady”. Delicada y femenina son las propuestas de Dior y Balenciaga. Si los modelos de Salvatore Ferragamo y Haizhen Wang llegan con notas masculinas, los de Rebecca Taylor y Rochas abanderan el romanticismo.

Atrevidos son los patrones de la firma “Cushnie et Ochs”, formado por el d˙o Carly Cushnie y Michelle Ochs, diseñadoras que han ideado una serie de cortes estratégicos que dan vida a vestidos que potencian el cuerpo de la mujer, bien sea la zona del escote, el abdomen o la clavícula.

Michelle Obama, Diane Kruger, Karlie Kloss son algunas de las “celebrities” que adoran estas creaciones sofisticadas y muy sexys.

La pintura surrealista se sube a la pasarela y ofrece un concierto de vestidos enmarcados en una nueva estética digna de los grandes museos.

Con poderosos pigmentos rojos, azules, fucsias, naranjas, amarillos o verdes, Chanel, Prada, Celine o Diane Von Furstenberg colorean formas simétricas, siluetas lánguidas y patrones mini con la clara intención de sembrar la calle con pequeñas obras de arte.

El VESTIDO NEGRO

El mítico vestido negro no pasa de moda. Desde que Coco Chanel lo popularizara allá· por 1920, esta pieza resiste temporada tras temporada.

Esta pieza, que en un principio resultó atrevida porque exhibía las piernas de la mujer, y además era de color negro, tono, que representaba el poder y estaba reservado para la monarquía, ha dado la vuelta al mundo cubriendo las necesidad de la mujer moderna.

El vestido negro de cóctel junto con la camisa blanca, el pantalón vaquero y el traje de chaqueta, son prendas atemporales, pequeños tesoros que jamás defraudan.

También conocido como “little black dress”, el vestido negro es un fiel compañero de viaje que tan bien luce en un cóctel, como en una cena o en una boda. Con Èl, la mujer está segura.

EFE

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