La hora del almuerzo en cualesquier lugar de trabajo puede ser una oportunidad para aprender sobre la cultura de nuestros compañeros en el trabajo. En diecisiete años de representación a trabajadores, he tenido el placer y gusto de visitar el “break-room” o cuarto de “lonchar” de muchísimos trabajadores. Para mi siempre ha sido una oportunidad para aprender un poco de cultura y cocina.

Los hospitales de Miami donde represente a enfermeras, fueron sitios donde a la hora del almuerzo me tocó ver y si, degustar (que rico) un poco de comida Cubana, Afro-Cubana, Haitiana, Bahamiana, y Puertorriqueña. Ahí abundaban las habichuelas, el arroz, los platanitos fritos y el guisado que sobró de una noche anterior. Calentándolos en el microondas los platillos se daban a conocer por su aroma y ricos colores.

En Fort Lauderdale, los trabajadores de Jamaica calentaban carne de chivo, cocinada a receta muy distinta al rico platillo Mexicano que conocí desde niña- la birria.

Los trabajadores originarios de Trinidad y Tobago me presentaron con un delicioso platillo llamado roti con (bus-up-shut) que hasta hoy se me antoja al recordarlo y no lo he podido encontrar aquí en San Diego.

Los trabajadores siempre me ofrecían un bocadito a probar de sus almuerzos caseros. Y siempre quedé tan contenta de mirar como comparten los Filipinos sus deliciosas lumpias y pescado frito con los trabajadores Mexicanos. Hay veces he visto intercambios completos donde se cambian un almuerzo por el otro. Las conversaciones a la hora de comer rinden oportunidad para la melancolía por una tierra lejana y sus costumbres, por una cultura de cocina y comunidad.

Hace poco me estuve acordando de la primera vez que un trabajador me ofreció una pupusa Salvadoreña. El trabajador las llevaba en un papel aluminio pero ya calentadas en un plato, sacó su salsita de tomate y comimos y conversamos sobre la justicia para los trabajadores, temas de migración y un poco de política.

Todo esto me recuerda mis propios almuerzos caseros que llevo a veces conmigo al trabajo. Mi compañera Terri y yo hemos compartido y charleado también sobre recetas, costumbres y métodos de cocinar. Pues quién iba a pensar que la hora de almorzar podía ser una experiencia para convivir y aprender. No importa que su almuerzo se lleve acabo en media hora o una hora, es posible que la experiencia le dure para toda la vida si escucha y aprende o le inspira algo nuevo, rico e interesante.

¡No se quede fuera!

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