LOS ÁNGELES.- Inmigrantes centroamericanos que huyeron de las guerras en sus países en los años ochenta reviven ese éxodo con la actual llegada masiva a Estados Unidos de niños sin acompañantes que escapan de esa región amenazados por las pandillas.

“La razón por la que la gente se continúa viniendo es la desigualdad social y económica que genera violencia”, dijo a Efe Enrique Velásquez, dirigente de la Red Nacional de Salvadoreños en el Exterior (RENASE).

“Las causas estructurales por las que emigramos miles de centroamericanos en los ochenta, y hoy los niños, siguen ahí”, aseguró el activista, quien es ciudadano estadounidense.

Velásquez emigró cuando en 1980 “en busca de izquierdistas” el ejército salvadoreño cercó el sector de Amatepec en la capital salvadoreña y después de sacarlo a punta de fusil de su vivienda junto con su hermano comenzaron a golpearlos.

“Mi hermana llorando le rogó a un asesor argentino que supervisaba a los soldados que no nos mataran y se compadeció”, recordó Velásquez.

“Pocos días después tres hermanos nos vinimos a México DF donde trabajamos varios meses en el negocio de un amigo que nos refugió hasta que cruzamos la frontera estadounidense el 3 de julio de 1981, por Tijuana, para reunificarnos con mi mamá en Hollywood”, relató el líder comunitario que inmigró a los 14 años.

Velásquez junto a casi un millón de centroamericanos se beneficiaron de la amnistía de 1986, bajo la presidencia de Ronald Reagan, gracias a la cual unos 3 millones de indocumentados adquirieron la residencia permanente.

Datos de la nueva oleada señalan que desde el pasado noviembre, cuando inicia el año fiscal en Estados Unidos, son más de 52.000 menores apresados por la Patrulla Fronteriza estadounidense, la mayoría de Guatemala, El Salvador y Honduras.

Walter Batres, originario de Escuintla, Guatemala, después de correr “como venado” en dos ocasiones para salvarse del reclutamiento forzoso del ejército guatemalteco, para combatir la guerrilla, decidió emigrar para reunirse con un hermano en Los Ángeles.

“Tenía 18 años cuando el 16 de enero de 1989 sin documentos crucé la frontera. El reclutamiento era un secuestro de jóvenes por parte del gobierno en los parques, las calles, y todos andábamos con miedo”, recordó Batres.

“Al llegar acá mis dificultades fueron que nunca había vivido en una comunidad multicultural, no hablaba el idioma, no tenía apoyo familiar para dedicarme sólo a estudiar y no me daban trabajo porque era tan flaco que parecía de 14 años, me mandaban a la escuela a cada rato”, rememoró.

Batres, representante del Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala en Los Ángeles (CONAMIGUA), asegura que los éxodos son por causa de “las políticas de Estados Unidos que afectan centroamericanos”.

“En los ochenta por política Estados Unidos apoyaba guerras en Centroamérica, y el éxodo de niños de hoy es porque por política no aprueban la reforma migratoria para más de 11 millones de indocumentados para quienes es urgente reunificar sus familias”, dijo a Efe Batres.

“Lo que ocurre hoy en Guatemala, El Salvador y Honduras es que las pandillas cuando saben que un niño recibe remesas de sus padres en Estados Unidos bajo amenaza de muerte los extorsionan y eso provoca miedo a los abuelos o tíos que los cuidan y prefieren mandarlos para acá”, explicó.

Por su parte, el hondureño Leoncio Velásquez cuenta que cruzó la frontera estadounidense el 14 de febrero de 1981 a los 20 años debido a que los conflictos bélicos en Nicaragua, El Salvador y Guatemala agudizaron la crisis económica en su nación.

“Hubo otra emigración de niños de Honduras en los ochenta, pero llegaron a Estados Unidos con residencia después de que sus padres los reclamaron con la ley de amnistía en 1986”, recordó Velásquez, ciudadano estadounidense.

“En cambio los niños que vienen de Honduras en el éxodo de hoy es por el terror a los grupos delincuenciales y por eso sus padres prefieren traerlos a pesar de todos los riesgos”, analizó Velásquez, presidente la organización Hondureños Unidos de Los Ángeles (HULA).

“Parte de la solución es que el gobierno apruebe la reforma migratoria justa e integral”, sugirió el también dirigente de la Confederación Centroamericana de Los Ángeles (COFECA).

EFE